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laberinto

PLAZA DE LA
ENCARNACION

el
y
plaza
la
exposición catálogo ciclo de conferencias
Organiza Edición Organiza
Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla. COAS Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla. COAS Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla. COAS
Fundación FIDAS Fundación FIDAS Excmo. Ateneo de Sevilla
Fundación FIDAS
Director Dirección
Enrique de Haro Ruiz. Arquitecto. Enrique de Haro Ruiz Conferencias
Carmen Gil Calderón, arquitecto
Equipo de Investigación Coordinación y producción Rafael Manzano Martos, arquitecto
Esther Díaz Caro, arquitecto Esther Díaz Caro Antonio Barrionuevo Ferrer, arquitecto
Inma Donaire Donaire, arquitecto
Emilio Garrido Castellano , arquitecto Diseño gráfico y maquetación Mesa redonda. Ponentes
Amaranta López Cobano, arquitecto Esther Díaz Caro Pablo Diáñez Rubio, arquitecto
Carlos García Vázquez, arquitecto
Diseño de pabellón expositor, dirección de montaje Textos Enrique de Haro Ruiz, arquitecto
Esther Díaz Caro. Arquitecto Enrique de Haro Ruiz, arquitecto Javier Queraltó Dastis, arquitecto
Amaranta López Cobano, arquitecto
Realización de montaje Álvaro Jiménez Santos, arqueólogo
Talleres Vázquez, S.L. Florentino Pozo Blázquez, arqueólogo
Javier Verdugo Santos, arqueólogo
Impresión Digital Carmen Gil Calderón, arquitecto
Trillo C.V. Carlos García Vázquez, arquitecto
Pablo Diáñez Rubio, arquitecto
Con la colaboración de: Javier Queraltó Dastis, arquitecto
Antonio Barrionuevo Ferrer, arquitecto
Excmo. Ayuntamiento de Sevilla Emilio Garrido Castellano, arquitecto

Arquitectos Proyectos
Antonio Barrionuevo Ferrer, Pablo Diáñez Rubio, Ignacio de la Peña, arquitecto
Carlos García Vázquez, Antonio González Cordón Guillermo Vázquez Consuegra, arquitecto
Javier Queraltó Dastis Enrique de Haro Ruiz, arquitecto
Juan Francisco Gil Ballester, arquitecto
Arqueólogos Elena Corres Álvarez, arquitecto
Javier Verdugo Santos, Fernando Amores, José Fernando Cellier Peñas, arquitecto
Florentino Pozo Blázquez, Araceli Rodríguez Azoque, Fernando Villanueva Lazo, arquitecto
Manuel Vera Reina Jaime Nieto Gallego, arquitecto
Arturo López Payer, arquitecto
Archivos
Archivo Histórico Municipal de Sevilla Fotografías históricas
(Archivo y Fototeca M.S.) Archivo Histórico Municipal de Sevilla
COAS - Archivo de Planeamiento Sociedad Cooperativa Andaluza
Archivo Fundación FIDAS Comerciantes de la Encarnación
Gerencia de Urbanismo.
Servicio de Planeamiento Fotografías del pabellón y su entorno
FIDAS
Oficina del Plan de Sevilla Francisco J. Basallote Neto
Servicio Geográfico del Ejército Esther Díaz Caro FUNDACIÓN para la INVESTIGACIÓN y
DIFUSIÓN de la ARQUITECTURA, SEVILLA
Sociedad Cooperativa Andaluza Jesús Granada
Comerciantes de la Encarnación
Impresión
Tecnographic. S.L.

ISBN: 84-88075-47-2
DEPÓSITO LEGAL: SE-1.686/2003
laberinto
del 20 de marzo al 16 de mayo de 2003

200
MARZO
MAYO 3

el
y
PLAZA DE LA

plaza
ENCARNACION

la
carta de Alfredo Sánchez Monteseirín, Alcalde de Sevilla, sobre el futuro de la Encarnación............3
introducción: Ángel Díaz del Río Hernando. Decano-Presidente del COAS.....................................7
el espacio de la Encarnación. Evolución. Enrique de Haro Ruiz...................................................10
cartografía. Sevilla y la Encarnación.........................................................................................17
cartografía aérea. Sevilla y la Encarnación................................................................................45
la Encarnación. Imágenes de Archivo.......................................................................................57
la Encarnación. Imágenes 2003..............................................................................................95
la Encarnación. Excavaciones Arqueológicas...........................................................................111
pre-textos.............................................................................................................................139
carmen gil calderón/ carlos garcía vázquez/ pablo diáñez rubio/ javier queraltó dastis/ antonio barrionuevo
exposición. Plaza de la Encarnación.......................................................................................157
textos: carlos garcía vázquez/ emilio garrido castellano
comentarios recogidos en el libro de firmas de la exposición....................................................181
la Encarnación. Proyectos......................................................................................................187
proyectos de la Escuela de Arquitectura de Sevilla en la Encarnación. PFC 1997/1998..............201
introducción: antonio barrionuevo ferrer
Carta de Alfredo Sánchez Monteseirín, ALCALDE DE SEVILLA, a 500 ciudadanos que se dirigieron a la Alcaldía preocupados por el
futuro de la Encarnación.

Sevilla, 30 de junio de 2003

Estimado Señor :

Quisiera en primer lugar agradecer su preocupación por la conservación de nuestro patrimonio y, en concreto, por el proyecto para
un espacio tan emblemático como la Encarnación. En ese sentido se dirigió usted a mí solicitando que se llevara a cabo en ese
espacio “una política que nos asegure una ciudad sostenible, donde prime lo público sobre lo privado para uso y disfrute de los
ciudadanos”. Sepa que como Alcalde de Sevilla no entiendo otra actuación que no sea sobre ese fundamento de predominio del
interés público sobre las demás consideraciones.

Respecto a la situación del proyecto de la Encarnación, cuando hace unas semanas concurrí a las elecciones municipales presenté a
los sevillanos una postura clara sobre la cuestión en mi programa electoral, textualmente:

“En la Encarnación se establecerá un triple compromiso: habrá un mercado en el antiguo solar, se respetarán los restos arqueológicos
que determinen los expertos, y se garantizará el equilibrio en los aparcamientos y la configuración urbana como espacio público. Se
solucionará en la primera parte del próximo mandato, desde el debate y el consenso ciudadano y sin el condicionante de supeditar la
financiación de esta obra tan importante a la posterior explotación del parking o las zonas comerciales.”

Habiendo obtenido en las urnas el apoyo de los ciudadanos de Sevilla para gobernar con mayoría suficiente, lo que antes era una
propuesta electoral ahora es un compromiso que me dispongo a cumplir de manera efectiva.

Por ello, me dirijo a usted para transmitirle directamente, y a la luz de las novedades que se han producido en cuanto al valor
patrimonial de los restos arqueológicos, cuáles son mis determinaciones referidas al solar del mercado de la Encarnación:

· El dictamen de la Comisión Provincial de Patrimonio hace inviable jurídica, técnica y administrativamente el proyecto actual
de Mercado, forzando su remodelación.

· Estoy convencido de que no estamos ante una amenaza, sino ante una oportunidad de relanzamiento del centro de la
ciudad, dada la riqueza patrimonial de los restos hallados. Una riqueza que dinamizará la actividad ciudadana y comercial
de la zona y hará aún más grande la categoría mundial de Sevilla como referente histórico de la humanidad.

3
· Consciente de esto y atendiendo al interés general de la ciudad, el gobierno municipal no regateará en medios técnicos y
financieros para que la remodelación del proyecto se realice y se ejecute con mayor celeridad.

Necesitamos conocer el dictamen de la Comisión de modo oficial y completo, para proceder a su evaluación técnica y actuar en
consecuencia. En cualquier caso, las actuaciones municipales se realizarán sin demoras, con ajuste a la legalidad y al contenido del
dictamen, con plena solvencia técnica y atendiendo a los intereses generales de la ciudad.

No obstante he adelantado, en consonancia con la parte del dictamen ya divulgada por la Comisión de Patrimonio, las siguientes
indicaciones a los servicios municipales competentes:

· Inspeccionar el resto del solar y continuar las excavaciones por toda la corona perimetral, tareas que pueden y deben
desarrollarse con rapidez por el conocimiento que ya se tiene del recinto.

· Preservar “in situ” los restos arqueológicos encontrados.

· Tomar las medidas oportunas para que los restos puedan ser visitados, creándose con este fin una cripta arqueológica;

· Solicitar la colaboración económica de la Junta de Andalucía para la financiación de todas estas actuaciones.

· Mantener próximamente una reunión de trabajo con la empresa adjudicataria del proyecto actual para analizar
conjuntamente la nueva situación y actuar en consecuencia con rigor y diligencia;

· Concluida la totalidad de las excavaciones y tras el nuevo estudio de los hallazgos definitivos por la Comisión Provincial de
Patrimonio, replantear el proyecto actual para que el Mercado de la Encarnación sea una realidad en el plazo más breve
posible.

En cuanto a las características del nuevo proyecto remodelado, sólo podrán ser definidas de modo definitivo tras la conclusión de la
totalidad de las excavaciones. No obstante, en atención al dictamen ya existente, le adelanto mis criterios respecto al nuevo proyecto:

· Que suponga un enclave emblemático coherente con la importancia de los hallazgos arqueológicos y su localización dentro
de la ciudad.

· Que su materialización sea una prioridad del gobierno municipal, evitando nuevos retrasos y demoras.

· Se preservará in situ el patrimonio histórico-arqueológico que permita la apertura al público y la visita de los restos histórico-
patrimoniales.

· Se incluirá un Mercado de Abastos ubicado en superficie y de diseño adecuado a la singularidad del entorno patrimonial;
Tendrá las características para hacer de él la referencia para la revitalización del sector comercial de toda la zona, sector que
merece sin duda una atención especial y que ha jugado un papel fundamental en el impulso del proyecto y su rescate tras
décadas de olvido.

· El mercado contendrá una zona seguramente muy limitada de aparcamiento subterráneo, que habrá que definir con
precisión cuando terminen las excavaciones, aunque muy probablemente estará dedicada a las tareas de carga y descarga
del propio Mercado.

Mi objetivo, y el del Gobierno de Sevilla que presido, no es otro que, sin más dilaciones, hacer del nuevo Mercado de Abastos de la
Encarnación un conjunto emblemático para la ciudad en general, y para su casco histórico, en particular, ampliando el circuito
turístico en el centro y revitalizando éste tanto desde el punto de vista ciudadano como económico y comercial.

Espero haber respondido suficientemente a su preocupación sobre la Encarnación, y me comprometo a tenerle informado de las
novedades que se vayan produciendo al efecto, al tiempo que de nuevo le agradezco su interés por un tema tan sensible para nuestro
casco histórico y tan importante como expresión del modelo de ciudad que queremos desarrollar.

Cordialmente,

Alfredo Sánchez Monteseirín


El Colegio de Arquitectos de Sevilla, siguiendo una larga trayectoria, ha intervenido en numerosas ocasiones en los debates sobre
temas de interés ciudadano, aportando el conocimiento y la especialidad de los profesionales a los que representa.

En esta ocasión ha participado ofreciendo una exposición sobre el debatido asunto de la Plaza de la Encarnación, con el afán de
hacer llegar a los ciudadanos una información que contribuya a formar la necesaria opinión sobre un espacio de tanta importancia
para la ciudad y que carece de uso desde hace casi treinta años.

Culminó este acontecimiento un programa de actos que, sobre este mismo tema, ha desarrollado el Colegio a lo largo del presente
año 2003. Entre estas actividades merece destacarse el ciclo de conferencias ofrecido en colaboración con el Excmo. Ateneo de
Sevilla durante el pasado mes de febrero, en el que, con diversos puntos de vista, destacados colegiados abordaron el problema
desde el ámbito de su particular actividad.

Se expusieron los aspectos urbanísticos -Carmen Gil- los históricos -Rafael Manzano- y los proyectuales -Antonio Barrionuevo-
finalizando en una mesa redonda con la participación de Pablo Diáñez, Enrique de Haro, Javier Queraltó y Carlos García, el día 26
de ese mes.

La exposición, que se ubicó en la propia plaza con la intención de hacerla llegar al mayor número posible de sevillanos, recogió un
análisis del pasado de ese lugar. Se mostrarón los planos históricos existentes de la plaza y de la ciudad; los proyectos que a lo largo
del tiempo se han planteado para este espacio público, incluyendo los realizados desde el ámbito académico por estudiantes de la
Escuela de Arquitectura de Sevilla, fotografías históricas que desde 1907 nos hablan de otras imágenes posibles para el lugar, y
artículos de prensa. Un apartado importante lo constituye el espacio reservado a las excavaciones arqueológicas. Se pretendió
acercar este campo desconocido para los ciudadanos a través de las diversas investigaciones que durante largos años se han
realizado sobre la plaza.

La edición del presente catálogo tiene la intención de recoger todas estas actividades, para hacerlas llegar a un mayor número de
personas en las fechas de la II Semana de la Arquitectura.

Junto con el agradecimiento a las instituciones y personas que con su colaboración han hecho posible esta iniciativa, el Colegio de
Arquitectos de Sevilla expresa la esperanza de que esta publicación ayude a conseguir una solución acorde tanto con el legado
patrimonial que el espacio de la plaza recoge, como con las exigencias de una calidad arquitectónica que esta ciudad merece y que
nunca debió perder.

Queremos destacar por último la inestimable colaboración prestada por el Ayuntamiento de Sevilla a través de sus distintos
estamentos, especialmente la Alcaldía, la Gerencia de Urbanismo, la Oficina del Plan Estratégico, el Archivo Histórico Municipal y la
Oficina del Plan de Sevilla.

ÁNGEL DÍAZ DEL RÍO HERNANDO


Decano-Presidente del COAS

7
FORMACIÓN Y EVOLUCIÓN DEL ESPACIO DE LA PLAZA DE LA ENCARNACIÓN
ENRIQUE DE HARO RUIZ. ARQUITECTO

LA PRIMITIVA PLAZA COMO ANTESALA CONVENTUAL

La Sevilla de finales del Siglo XVIII mantiene intactas las estructuras funcionales y formales establecidas a lo largo de la Baja Edad
Media. El tejido urbano, típicamente medieval, estaba representado por un apretado caserío de baja altura y muy poca calidad
constructiva en el que sobresalen algunas mansiones señoriales y palaciegas, y multitud de iglesias, instituciones religiosas, casas de
beneficencia, conventos y monasterios.

Las primeras reformas urbanísticas, en tanto que intentos de organización y racionalización del espacio construido, llegan de la mano
del Asistente de la ciudad D. Pablo de Olavide y Jáuregui (1767-1775), hombre culto y liberal que, antes de ocupar el cargo, ya
había viajado por Francia e Italia, siguiendo la política ilustrada de su tiempo, que fomentaba la modernización de las ciudades,
organizó la urbe sevillana en Cuarteles, Barrios y Manzanas; ordenó la numeración de las casas; niveló y acondicionó las
degradadas y mal olientes calles y barreduelas; construyó malecones; instaló el alumbrado público; reglamentó la circulación; dictó
el primer reglamento de limpieza y mandó realizar, sorprendido de que una ciudad de la importancia de Sevilla no dispusiese aún de
una representación planimétrica, el primer plano completo de la ciudad en el año 1771, el que hoy conocemos como “Plano de
Olavide”, que fue levantado por Francisco Manuel Coelho y grabado por Joseph Amat.

La ciudad, que se representa en el famoso plano, aparece rodeada por la muralla Almohade del siglo XII a la que abren numerosas
puertas y postigos al alfoz. Dentro del recinto murado se representan numerosas huertas y manzanas de grandes dimensiones, sobre
todo al Norte y Este, en su mayoría perteneciente a las diferentes órdenes religiosas, que por entonces pueblan la ciudad, mostrando
un tejido urbano de incuestionable pasado musulmán.
Fuera de las murallas los únicos arrabales que se representan: Triana, la Cestería, los Humeros, la Macarena, San Roque y San
Bernardo aparecen poco detallados.

En este contexto histórico y urbanístico, entre las collaciones del Salvador y San Pedro, se encuentra el barrio llamado de Don Pedro
Ponce, ubicado en el antiguo barrio del Morillo y luego conocido con el nombre del progenitor de la Casa de Arcos. La Plaza de la
Encarnación se reconoce, en estos momentos, como un espacio libre e irregular que sirve de antesala al convento de las religiosas
Agustinas Recoletas de la Encarnación. Este ámbito de respeto en la portada del convento, era la permanencia urbana de otro
anterior situado frente a unas de las casas palacio de los Ponce de León y que según describe Matutes en sus Anales, en 1720, “era
una plaza desempedrada para que con más comodidad los caballeros se adiestrasen en el arte de la jineta”.

El convento fue fundado en 1591 por D. Juan de la Barrera que, habiendo donado para ello unas casas de su vecindad en el barrio
de San Bartolomé, terminó labrándose, por ser lugar más adecuado para su construcción, en el de Don Pedro Ponce. En el año 1600
el Papa Clemente VIII, aprobó la fundación y en 1602 se cerró la clausura. Datando de esta fecha la existencia del monasterio. La
calle del Aire, la Plaza de Regina y la calle del Correo, formarían los límites de la gran manzana conventual.

Otras instituciones religiosas se sitúan en las inmediaciones: la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, la Casa Comunidad de
Regina-Angelorum y los Hospitales de Beneficencia de la Misericordia situados en la plaza del mismo nombre y el del Pozo Santo.

10
LA TRANSFORMACIÓN DE LA PLAZA: LAS MEDIDAS SALUBRISTAS DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX

Las reformas urbanas, iniciadas por Olavide, se continúan durante el periodo de la administración francesa (1810-1812). Ocupada
la capital por los ejércitos de Bonaparte el 2 de abril de 1810, el día el 28 se publica un Decreto del rey D. José I, firmado en el
Alcázar, en el que, en virtud de la solicitud elevada por la municipalidad, previo informe del Ministerio del Interior, y siendo alcalde,
por entonces, D. Joaquín de Goyeneta, se anuncia el derribo de los conventos “para la formación de una plaza pública en el terreno
que ocupaba la manzana comprendida entre los de Regina y la Encarnación”, disponiéndose que se indemnice a los propietarios y
que las monjas del convento se trasladen a otro.
El 16 de octubre de 1810 se dio la orden de demoler el antiguo Monasterio bajo las directrices del arquitecto francés Meyer.
Basándose en ciertos documentos de reclamaciones económicas por trabajos realizados en el lugar, se ha especulado con que el
primitivo plan municipal no fue el de la construcción de un mercado sino el de crear una gran plaza pública porticada a imitación de
las Plazas Mayores de Madrid o Salamanca.

Sevilla, en esta época, es una ciudad en continuo declive urbano, social y demográfico, en la que la penuria económica de las arcas
municipales viene siendo crónica desde la práctica desaparición de su puerto fluvial debido a la pérdida del monopolio del Tráfico de
las Indias en 1717. El Rey tratará de superar esta situación, al menos desde el punto de vista urbanístico, y emprende la tarea de dotar
a la población sevillana de una fisonomía acorde con el paisaje urbano de las modernas cortes europeas. Se proyecta la creación de
nuevas plazas, abriendo espacios en puntos estratégicamente situados en el tejido urbano, aún consta del derribo de conventos e
iglesias, como las que ocupaban las plazas de Santa Cruz, en la judería, con la demolición de la parroquia situada sobre la antigua
sinagoga y la de la Magdalena con el derribo de la parroquia del mismo nombre.

Con la marcha de los franceses y las secuelas de la guerra, quedó la ciudad sumida en una lamentable situación social y económica.
La Encarnación aparece como un gran vacío urbano, un enorme solar abandonado donde al poco fue ocupándose por numerosos
puestos de venta más o menos estables y algunos precarios servicios públicos.

En 1814, el Ayuntamiento, ante la alarmante situación de degradación higiénica y de conservación en que se encontraban los
diversos lugares de venta de subsistencia y mantenimiento, proyectó centralizar el mercado de abasto y eligió para ello el extenso y
céntrico solar resultante del derribo de los conventos de la Encarnación y de Regina. Por entonces, la venta de alimentos se extendía
por toda la ciudad. Así sabemos que las carnicerías estaban en la antigua Plaza del Infante D. Fernando, cuyo ruinoso edificio,
obstruía las calles de la Alcaicería de la Loza, Herbolarios y Boteros, por lo que inmediatamente se propuso su derribo; la pescadería
en la Costanilla; las legumbres y especias, en la mencionada calle de los Herbolarios y adyacentes, además de en la Alfalfa. También
existía la calle de la Caza y de la Confitería donde se vendían los dulces, las frutas confitadas, la miel y la “aloja”, aquella bebida tan
española de origen morisco.
No obstante, a pesar de la mala coyuntura económica, una vez despejada la plaza de los restos del derribo, se inició la construcción
del primer mercado de un cierto carácter permanente con la edificación de puestos de venta organizados en un conjunto de cajones
de madera y diferentes palenques. Este mercado fue proyectado hacia 1817 e inaugurado en 1820, sin embargo sus calles interiores
y alrededores quedaron sin empedrar por lo que resultaba sucio y peligroso dadas las malas condiciones para el trasiego y la venta.

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Las ideas salubristas e higienistas, que pretendían hacer de las viejas ciudades lugares más habitables, llegarán a Sevilla bajo la
administración de D. José Manuel Arjona, Asistente de la ciudad durante los años 1825-1833. Arjona, preocupado por el
abastecimiento de los productos alimenticios, ante el desorden de su distribución y localización, establece por vez primera, un
riguroso control de los mercados de abasto. Él fue sin duda, el impulsor y el promotor de la idea de construir un mercado municipal
de abasto definitivo. Para ello mandará levantar, sobre el espacio liberado por las demoliciones de 1811, un mercado labrado en
fábrica según proyecto del arquitecto Melchor Cano en 1833. Ya en 1821 se había sacado a subasta la obra del empedrado exterior,
concluyéndose definitivamente la plaza en 1837 con la construcción de los últimos puestos y la sustitución del empedrado de losas
deTarifa por otras de cemento hidráulico. Una vez concluido el mercado éste pasó a ser el punto central de entrada y venta de
subsistencias de la ciudad, comenzando desde entonces, a desmontarse los otros lugares. Respecto al nuevo mercado, relata Madoz
que se podía considerar el mejor de su clase en España, por su capacidad, por su buena construcción, por el orden en el que estaban
colocados los vendedores de los distintos artículos y “por las demás circunstancias que pueden desearse en esta clase de
construcciones”.

En el plano dedicado a D. Luis Sartorius de 1848, aparece por primera vez, la plaza de abasto nítidamente representada por un
conjunto rectangular de parcelas con fuente central. Este rectángulo, situado en el centro del gran vacío, está orientado según la
forma que contiene al espacio existente. Disponía de tres puertas en cada uno de sus lados mayores y dos en los menores. Estos
accesos, no obstante la rigurosidad geométrica con las que están trazados, buscan la continuidad y la comunicación con el resto de
las calles del entorno: así las puertas de Flora y Apolo se enfrentan con las calles de Laraña y de la Imagen mientras que las situadas
en los lados menores, orientadas Norte-Sur, se enlazan con las calles de Puente y Pellón y de Regina.

A partir de estos momentos, la Plaza de la Encarnación se convertirá en un foco de atracción urbana y financiera de primer orden
sobre el que gravitará gran parte de la actividad comercial de la ciudad. Además, esta coyuntura hará que en los alrededores de la
plaza se instalen otros comerciantes que, en un primer momento, completarán la oferta del mercado de abasto.
Con la extensión del tráfico comercial por el eje Norte-Sur, Regina, Feria y Puente y Pellón en cada extremo de la plaza, la
Encarnación se configura como el centro del gran eje comercial de Sevilla, manteniéndose este carácter social y mercantil de su
actividad, hasta ya entrados los años 60 del siglo XX.

La Plaza de la Encarnación, con el mercado central de abasto, será, desde entonces, referencia obligada para el aprovisionamiento
de la ciudad. Esta circunstancia, unida a la creciente actividad comercial que se produjo en sus inmediaciones, dará lugar a un tráfico
cada vez más intenso de personas y mercancías, especialmente incrementado con la instalación de las estaciones del ferrocarril: al
Oeste, en la Plaza de Armas; y en el Sur, en San Bernardo.
La Encarnación, se convertirá de este modo, en el centro neurálgico de comunicaciones de la ciudad, al ser el punto de encuentro de
los dos grandes ejes comerciales, conformados de Norte a Sur por las calles de la Feria-Regina-Plaza de la Encarnación-Puente y
Pellón y Plaza del Pan, y el eje Este- Oeste constituido por Puerta Osario-Plaza de Jáuregui-Imagen-La Campana y la calle de Alfonso
XII hasta la Estación de Córdoba.

LA ENCARNACIÓN COMO CENTRO DE ACTIVIDAD Y CONFLICTOS

La concentración de actividades comerciales en el entorno del mercado de abasto y las ventajas derivadas de su posición central en
el interior del casco, dará lugar a una serie de conflictos urbanos, sobre todo, en lo que concierne a las comunicaciones entre
distintos sectores del centro, y entre el centro y la periferia, a los que se intentará poner remedio con los sucesivos proyectos de

12
reforma interior del centro histórico.

Desde la implantación del ferrocarril, en Sevilla se intensificarán los planes de reformas interiores del casco que alcanzarán su
máxima expresión durante el primer tercio del siglo XX, culminando con las obras para la Exposición Iberoamericana de 1929.

A pesar de las reformas parciales y de las indudables mejoras llevadas a cabo durante la segunda mitad del siglo XIX, la población
sevillana sigue presentando un alarmante déficit en infraestructuras y equipamientos. De cuantas carencias padece la urbe, el
aspecto más cuestionado, por los grupos financieros y políticos de la ciudad, es el de la inadecuación de sus calles para el transporte
de mercancías y paso de vehículos por el interior del casco urbano.

En 1882 el Dr. Ph. Hauser publica su voluminosa obra, en dos tomos, “Estudios médicotopográficos de Sevilla”, en la que denuncia
el cúmulo de problemas higiénico-sanitarios que padece la ciudad y que exigen una rápida solución. En relación con la Plaza de la
Encarnación, manifiesta que aún tiene en su recinto y exterior unos cien depósitos de materias orgánicas y aguas sucias procedentes
de gandinga y que el alcantarillado, con las cloacas obstruidas, impedía la evacuación de las aguas sucias. Respecto a las calles de
la ciudad manifiesta que son estrechas y tortuosas y que “Sevilla no posee vías anchas donde puedan atravesar dos coches sin
tropiezo”; quejándose también, de la dificultad de poner en comunicación las estaciones de ferrocarril recientemente construidas.

A finales del siglo XIX, siguiendo las corrientes funcionalistas dominantes en el urbanismo europeo, se redacta para Sevilla una serie
de planes de reforma en los que, junto a proyectos de ensanches parciales de algunas calles del centro, se plantea la construcción de
nuevos mercados como los del Postigo del Aceite, que no se terminaría de construir hasta 1920, y el Mercado de Entradores en el
Barranco junto al puente de Triana.

Entre 1893 y 1895 se elabora el Proyecto General de la Capital, cuya Memoria es redactada por el arquitecto D. José Sáez López.
Este documento, alejado ya de los parciales intentos de ampliación de calles, constituye un completo plan de reformas de las
comunicaciones de la ciudad, estableciendo, frente a la trama radial dominante en el casco, un sistema de ejes ortogonales con el
objeto de permeabilizar el centro y en el que una de las principales vías de comunicación interior la constituye el eje transversal que
cruza la urbe de Este a Oeste pasando por la Plaza de la Encarnación.
El programa de ensanche interior se plantea allá donde surgen los conflictos, primando fundamentalmente en su diseño, cuestiones
de uso y habitabilidad, demandas que vienen siendo atávicas en la historia de la ciudad. Así el Proyecto General de Reformas está
fundamentado en razones de tráfico y comunicación entre los diversos sectores de la ciudad y en razones higiénicas, para ventilar
mejor las calles a las que no llegan los vientos. En la segunda parte de la Memoria, Sáez propone la construcción de una serie de
edificios de urgente necesidad para la ciudad y en la denuncia que en ella, hace de la situación de los mercados existentes dice que
el de la Encarnación “estaba organizado contra toda garantía de limpieza”.

En 1902 el arquitecto Velázquez redacta un proyecto de reformas que consistió, principalmente, en el ensanche de la ciudad hacia el
Sur y en el que censura la equívoca creencia de que las ciudades del Sur deberían conservar su trazado medieval o islámico por
razones climáticas.

En 1904 Laureano Grosso plantea otro proyecto de reforma de las comunicaciones interiores del casco proponiendo nuevamente,
dos arterias principales para el tráfico: una en sentido Este-Oeste y otra en sentido Norte-Sur, cruzándose, ambas, en la Plaza de la
Encarnación. Tras estos intentos de “abrir” el tejido urbano y permeabilizar el centro histórico, se asume como prioridad en la
generación de los planes de reforma y ensanches la necesidad del trazado de nuevos ejes viarios, sobre todo en aquellos puntos

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donde la actividad comercial es mayor y genera la demanda de nuevas alineaciones.
Con el trazado del eje Este -Oeste, uniendo la estación del ferrocarril de la Plaza de Armas con la Puerta Osario a través de la Plaza de
la Encarnación se plantea, por primera vez, la necesidad de que el mercado debe ser demolido parcialmente y reordenada su
construcción.

A las reformas de Sáez y López seguirán otras de análogas características en el primer tercio del siglo: Aníbal González (1911);
Calonge (1912); Sánchez-Dalp y el Conde de Colombí (1915) y Ularqui, Carvajal y Sánchez (1930).

LA CONFIGURACIÓN ACTUAL DE LA PLAZA Y LA DESAPARICIÓN DEL MERCADO

El Plan de 1946, sigue manteniendo la fe en el ensanche, en la regularización de las alineaciones de las calles y en la apertura de
amplios ejes viarios en el interior de la población como los instrumentos más eficaces para la descongestión del tráfico y la
planificación de la ciudad. El autor del documento de planeamiento, D. Pedro Bidagor, reduce a dos los cuatro ejes ya trazados por
Sáez y López, persistiendo el de orientación Este-Oeste que cruza por la Plaza de la Encarnación.
Unos años después, en 1948, los viejos proyectos se ejecutarán, derribándose la mitad meridional del mercado para posibilitar el
ensanche de Laraña- Imagen y construyéndose una plaza, de geometría circular, equipada con árboles y con la antigua fuente del
mercado en el centro.

En 1955 se acomete el ensanche de la calle Imagen y se abre, por fin, el eje Campana- San Pedro.

La voluntad de transformar los tejidos históricos de las viejas ciudades, tanto por razones salubristas como de índole formal, no
llegaron a alcanzar un éxito notable en Sevilla y ello se debe, sobre todo, a causa de la contrastada incapacidad económica y la falta
de operatividad en la búsqueda de recursos, para ello, de las diferentes administraciones públicas que redactaron las propuestas
aperturistas.

Así, las reformas interiores del casco urbano, a pesar del elevado número que se propusieron, no supuso para la ciudad causa de
grandes transformaciones morfológicas, aunque sí contribuyeron, en bastantes casos, a la renovación de la edificación del viejo
caserío y a generar débiles procesos de recualificación urbana a través de una política generalizada de nuevas alineaciones en el
casco, si exceptuamos el sector Norte, lo que ocasionalmente ha contribuido a mejorar el espacio urbano con la aparición de nuevas
arquitecturas.

Tras los diversos planes de reforma interior del casco histórico, presente todavía en el Plan General de 1946, el planeamiento
urbanístico de la ciudad entra en otra fase: El Plan General de 1963 sustituye la política anterior de nuevas alineaciones por un
conjunto de actuaciones muy limitadas y selectivas.

El PRICA de 1968, lejos de proteger los edificios del centro histórico incentiva su desaparición, ya que deja fuera de ordenación todos
aquellos edificios que no cumplieran las determinaciones de carácter higienista fijadas en las Ordenanzas del Plan Especial.

El Modificado del PRICA de 1982, constituye una fuerte ruptura con lo anterior y propone radicales medidas protectoras con la
intención de detener el procesos de destrucción y deterioro iniciado en el casco desde finales de los años 60. Este Modificado, deja
siempre abierta la posibilidad de redactar una serie de figuras de planeamiento intermedias tales como son los Planes Especiales,

14
Estudio de Detalle, etc., que ofrecerán la posibilidad de nuevas aperturas (pasajes, calles interiores de manzana, plazas interiores..).
Así mismo, incluía, en su apartado de Conjuntos Urbanos de Estudio Especial al sector de la Encarnación y contemplaba, en sus
Ordenanzas, la posibilidad de redactar sobre estas zonas los oportunos Planes Especiales.

El Plan Especial de la Encarnación de 1985 pretendía dar respuesta a las viejas demandas, no sólo urbanísticas, sino también
ciudadanas. Entre los objetivos de este Plan figuraba la construcción de una única plaza arbolada que ocuparía todo el espacio del
primitivo mercado en la zona Norte. Asimismo el Plan, en un intento de reestructurar el tráfico rodado y peatonal, separa funcional y
formalmente el espacio de la Encarnación en dos sectores, afirmando de este modo, el eje de tráfico Laraña- Imagen.

Tras el derribo del Mercado el año 1973 éste, se traslada “provisionalmente”, al extremo Norte de la plaza, en un solar
acondicionado expresamente para ello.

El solar resultante del derribo quedará en reserva para un futuro nuevo mercado de abasto que deberá construirse bajo unas estrictas
condiciones administrativas y ordenancistas acordadas entre la Gerencia de Urbanismo y los cooperativistas del antiguo mercado.
El 6 de febrero de 1982, el Ayuntamiento Pleno adjudicó a la Cooperativa de Comerciantes del Mercado de la Encarnación la
concesión administrativa para la “construcción y posterior gestión del Centro Comercial de la Encarnación, en el que se prevé la
necesidad de ejecutar dos o tres plantas de aparcamientos en sótano.

Como consecuencia previa a toda intervención edificatoria en el centro histórico que obliga a la realización de un estudio
arqueológico del lugar de la actuación, se redacta el preceptivo Proyecto de Intervención Arqueológica por el equipo dirigido por los
arqueólogos D. Javier Verdugo y D. Enrique Larrey, iniciándose las excavaciones en 1991, en un área de unos 1650 m2, los más
próximos al límite que linda con la calle Laraña- Imagen, llegándose, por vez primera, a localizar la estratigrafía de la Sevilla Imperial
Romana.

En septiembre de 1993 se aprueba le Modificado del Plan Especial, cumplimentándose las directrices de la Ficha de Planeamiento
elaborada por la Gerencia Municipal de Urbanismo.

Las dificultades para hacer efectivas las cláusulas de la concesión administrativa retrasan sucesivamente la construcción del
Mercado.

En 1999, el Ayuntamiento recupera la concesión administrativa, otorgada a los comerciantes de la Encarnación, con el objeto de
llevar a cabo, mediante iniciativa municipal, la construcción del Centro Comercial y los aparcamientos. En noviembre de 2000, la
Gerencia de Urbanismo, previo concurso público entre empresas constructoras, “para la construcción de mercado y plaza pública de
PERI C-7 (PE)”, adjudica una nueva concesión para la construcción y explotación del aparcamiento subterráneo y zona comercial a
una Unión Temporal de Empresas, constituidas por entidades mercantiles privadas.

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