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LA ALFA ES MÍA

Iris Montes Meseguer


© Iris Montes Meseguer, 2019
ISBN:
Impreso por Amazon
Todos los derechos reservados.
ÍNDICE:
—Capítulo 1: 12
—Capítulo 2: 21
—Capítulo 3: 28
—Capítulo 4: 36
—Capítulo 5: 43
—Capítulo 6: 50
—Capítulo 7: 57
—Capítulo 8: 64
—Capítulo 9: 71
—Capítulo 10: 78
—Capítulo 11: 85
—Capítulo 12: 93
—Capítulo 13: 100
—Capítulo 14: 106
—Capítulo 15: 112
—Capítulo 16: 118
—Capítulo 17: 125
—Capítulo 18: 132
—Capítulo 19: 138
—Capítulo 20: 144
—Capítulo 21: 151
—Capítulo 22: 157
—Capítulo 23: 163
—Agradecimientos: 163
Algunas personas nos vemos atraídas siempre hacia los hombres
lobo.
SINOPSIS

Enma es la alfa de su clan, pero es la única mujer líder de entre todas las manadas.
Axel siempre ha visto lejos el puesto de Alfa al ser el pequeño de tres hermanos.
Las cartas del destino se barajarán de forma inexplicable. Muertes, matrimonios, batallas y
alianzas.
No se puede doblegar la voluntad de un corazón valiente…
CAPÍTULO 1

Enma
Oigo murmullos al pasar junto algunas alfas. A nadie parece hacerle gracia que una mujer
lidere una manada, y menos una como la mía.
Mi padre intentó por todos los medios tener un varón entre su descendencia. Por muy
anticuado que parezca, la ley seguía otorgando preferencia al varón sobre la mujer. Nadie duda de
la rareza de mi progenitor, apodado el maldito. Casado hasta en siete ocasiones y habiendo tenido
descendencia con todas ellas, no consiguió ningún varón. Somos 13 hermanas. Número de la mala
suerte, qué duda cabe. Más aún si consideramos que yo, la primogénita, nació junto a un varón, un
hermano mellizo. Las malas lenguas dicen que lloré tan fuerte en mi primer suspiro que absorbí su
vida. En realidad, simplemente se lo llevó un soplo de corazón.
Desde aquel momento se me apodó “Bruja” y mi padre juró y perjuró ante el suicidio de mi
madre que jamás me haría con la manada, que tendría un varón. Me lo repitió cada año y en cada
boda y, desde que tuve uso de razón, mi respuesta fue siempre la misma “Los cielos no lo
permitirán”¸y, por todos los cielos que no lo hizo. Me odió toda su vida, al igual que a todas mis
hermanas, pero no pudo hacer nada por evitar que fuera la alfa. La ley lobuna es suprema.
—En algún momento se casará y no tendrá más remedio que abandonar su posición. —Oigo a
alguien murmurar agudizando el oído.
—O morirá. —Esa última respuesta ha sido maliciosa.
Así es nuestra ley, esa estúpida ley que lo rige todo. Si me caso, mi marido será el alfa. Si
muero, mi tío adquirirá el poder. ¿Por qué si tengo doce hermanas? Porque así lo decidió a saber
quién hace siglos y se vinculó a la fuerza mística de los alfas.
Nos sentamos a la mesa redonda quince clanes representados cada uno por su alfa, catorce
hombres y yo.
Los más viejos siguen mirándome por encima del hombro y no aceptan nada de lo que digo.
Los más jóvenes, como yo, hemos convivido con esta rareza.
Shaun siempre ha sido uno de mis mayores problemas. Alto, moreno y de ojos oscuros sólo
piensa en destruirme. No sólo por ser mujer, sino porque rechacé su proposición de matrimonio.
Qué desagradecido, encima que siempre he mantenido en secreto ése humillante hecho. Es el
mayor de tres hermanos. Aunque su padre, el alfa sabio, sigue vivo, decidió delegar. Es envidiado
por otros jefes ya que sus descendientes son todos varones preparados para la lucha y el
liderazgo. Se aseguro con esfuerzo la permanencia de su clan. El trío calavera: Shaun, Dereck y
Axel, el deseo de cientos de padres como posible matrimonio para sus hijas.
—Mi manada ha visto vampiros adentrados en nuestras tierras. —Rodolf, el alfa martillo, por
su habilidad en la lucha, nos pone alerta con esa noticia.
—¿Cuándo? —Dice Shaun.
—¿Cómo? —Pregunta Torak, uno de los más antiguos y salvajes.
—Hace dos lunas. —Explica pausadamente. —Iban en grupos reducidos. No cazaban, sólo
deambulaban olisqueando todo. —Asquea su nariz con esta última información.
—Hay que hacer guardias en la entrada de la montaña. Habrá luna llena y, los no expertos,
serán vulnerables. —Asegura el alfa sabio.
—Cada uno llevará al 10% de su manada. —Roig, un hombre menudo que contrajo
matrimonio con una preciosidad inusual y vino a nuestras tierras a buscar un espacio para su
pequeña manada propone el número.
Todos asienten y, mientras me voy, tengo la sensación de que siempre olvidan que, pese a
quien le pese, mi manada es, con diferencia, la más numerosa.
Elegir a treinta y cuatro personas para que me acompañen a hacer guardia no iba a ser tarea
fácil, entre otras cosas porque, además de tener enemigos en los alfas, tenía opositores dentro de
mi propia manada.
De mis doce hermanas, dos eran aún pequeñas. 3 trillizas iban por detrás de mí con 23 años;
Cat, Sarah y Elena. Una de 22, Mía. Una de 21, Selena. Una de 20, Ariel. Una de 18, Liah. Dos de
16 Savannah y Cloe. Una de 9, Patty. Y una de 6, la reina de la casa, Sammantha. Yo tengo 26 años
y mi manda, a veces, parece un instituto.
Me duele la cabeza, miro a un lado y a otro de mi mansión, de mi territorio. Aunque no quiero,
elijo a diez combatientes que fueron muy leales a mi padre. Me odian pero tienen experiencia.
Diez jóvenes recién formados. Entre 18 y 23. Todos ellos cumplieron su época de mayoría de
edad lobuna siendo ya yo alfa y, por ello, me juraron lealtad expresamente. Escojo pese a todas
las reticencias que encuentro a diez mujeres que han demostrado su valía y arte en la guerra.
Por supuesto, viene mi tío, Xiam. Él quiere mi puesto, yo quiero su muerte, pero hemos de
convivir codo con codo. Con él viene su amigo Duriom, que siempre he pensado, dado su mal
aspecto y sus múltiples cicatrices, que será él quien finalmente me mate cual esbirro.
Me llevo, cómo no, a Till, mi mejor amigo y si no fuera por darle el liderazgo, posiblemente
sería mi esposo. Una de mis hermanas de veintitrés, pese a mis protestas, se apunta. Cat es así. Y
como viene ella he de llevar inevitablemente a mi abuela. Coral.
—Éramos pocos y parió la abuela. —Comenta alguno al ver llegar a las dos últimas.
En fin, tampoco es como si pudiera culparles. Somos un grupo de lo más variopinto.
¿Por qué no estamos muertos si somos tan odiados y vulnerables?
La respuesta se hace evidente, casi como si sólo lo recordara, cuando llegamos al lugar de la
guardia. Por debajo de mí, quien más personas lleva siendo su diez por ciento es Shaun y lleva
veinte. Eso implica que, en mi manada, somos ciento cincuenta personas más.
Aún más por debajo se mantiene el resto que lleva entre ocho y doce personas.
Un olor punzante a hierro y a cuero hace que me tense. Ni siquiera me ha dado tiempo a ver
quiénes eran de las otras manadas. Aquí hay vampiros. Mi abuela se transforma y me sorprende lo
ágil que es, coge a mi hermana y se pierden en el horizonte. Till me sigue de cerca cuando corro
hacia la cima más cercana para escrutar el terreno.
Mis fosas nasales están confundidas. Veneno. Se están cubriendo con veneno. Me transformo.
Aúllo dando el aviso. Perseguimos humo, el olor nos confunde. Grandes flechas negras caen del
cielo, oigo gritos de dolor. De repente, hay muchos de ellos sobre nosotros. Los cuerpos del resto
se transforman y atacan.
Un vampiro en concreto, como si lo demás no importase y se hubiese detenido el tiempo, me
observa. Tiene los ojos de color violeta, su rostro es tan pálido que casi es confundible con el
vaho del frío.
De repente oigo un grito de una voz que se me hace familiar. Me giro. Una vampira de gran
envergadura sostiene a Shaun por la cabeza. El grita y nadie parece dispuesto a ayudarle por si en
el intento lo decapitan. Todos se paran, como si fuese una negociación, pero los vampiros nunca
antes lo habían hecho.
—No es él. —Dice con los ojos abiertos mirando hacia el jefe de su hora. El vampiro que me
había escrutado antes.
—Ella sí es. —Asegura mirándome. ¿Yo? ¿Qué pasa conmigo?
Se encaminan hacia mí peligrosamente rápido soltando a Shaun. Mi vida empieza a correr
peligro. Ningún Clan me ayudará. Por suerte ante mi aullido ha venido gran parte de mi manda.
Invadimos las colinas. Somos mayoría. Tras cruzar la mirada conmigo una vez más, el vampiro, se
desvanece. Todos los presentes nos observan a Shaun y a mí con creciente curiosidad.
¿Qué soy yo que no sea él?
CAPÍTULO 2

Enma
—¿De qué va todo eso? —Shaun se levanta raudo y me empuja con fuerza. Yo clavo mi
calzado en la nieve.
—Eso se llama emboscada. —Digo mordazmente. —Creía que eras un experto guerrero. —
Ataco.
—¡Tú las has provocado! —Se atreve a decir
—¿Yo? —A este hombre se le ha ido la olla. —Eso que has visto son vampiros, no sé si lo has
notado. —Grito histérica.
—Shaun. —Su hermano Dereck le coge del hombro señalando levemente con un dedo hacia
arriba, como si le recordase que mi manada está allí.
—Ella no debería meterlos en esto, los alfas pelean solos. —Grita y se transforma mirándome
con odio.
Tiene un gran envergadura, aún así, somos del mismo tamaño, cosa que no debería ser así. Los
machos suelen ser más grandes que las hembras. Eso no debe cambiar aunque ambos seamos alfas.
Me transformo, aunque no quiero hacerlo de nuevo. No necesito pelear para demostrar que soy
una buena guerrera. Lo he demostrado en cientos de ocasiones.
Sus embestidas son rápidas y poco precisas. Le hago girar a mi compás. Su ira le ciega,
cuando le muerdo en el cuello en el momento en el que él se lanza con la cabeza gacha, lo que
parecía ser un combate emocionante queda en una insulsa victoria para mí y una humillante derrota
para él.
Quedamos en reunir al consejo, todos lo alfas, mañana para hablar de lo sucedido hoy. Nadie
quiere hacer guardia aunque era eso a lo que veníamos. Todos dicen que cada uno debe proteger a
su clan dentro de nuestros respectivos territorios. Me parece bien. Odio estar con ellos, me
recuerdan el desprecio que siempre sentí por parte de mi padre.
Aunque Till intenta hablar conmigo me encierro en mi habitación. Desde mi balcón, puedo ver
toda la mansión. Somos tantos…Y aún así me siento sola. Mis hermanas ya son grande y no
necesitan que esté pendientes, es más les estorbo. Solo me necesitan las más pequeñas. ¿Por qué
el resto no me necesita? Porque saben que tengo que obligarlas a estudiar, a aprender a combatir y
hasta decidir con quién pueden casarse. No sé si yo me tendría en alta estima.
A veces pienso en lo fácil que sería pedirle a Till que se emparejara conmigo, Sé que lo haría.
Delegaría todo el poder en él. Cuando eres alfa por derecho, como yo o como el contrayente varón
de una alfa, absorbes una clase de poder místico que te hace imparable. Sería tan fácil…
Desentenderse….Vivir…Dejar a un lado los deberes y obligaciones. Además sería un buen
líder…Pero, por desgracia para mí y para mi manada, yo no soy así. Me gusta ser yo,
independiente, rebelde, indomable.
No sé en qué momento me he quedado dormida, pero unos aporreos en mi puerta me
despiertan, Me siento en la cama aturdida mientras las puertas de mi dormitorio se abren de par en
par. Todas mis hermanas entran eufóricas.
—¿Podemos ir? —Dicen al unísono.
—¿A dónde? —Pregunto extrañada ante tanto revoloteo y emoción.
Las dos pequeñas sólo están contentas por contagio pero en realidad creo que tampoco saben
que es lo que se habla. Siguen parloteando y sólo soy capaz de captar la palabra “baile”. Mi cara
debe expresar mi completo desconcierto.
—Callaos. —Dice Cat, llevando la voz cantante como siempre. —Así no va a entender nada y
no nos dará permiso.
—No os doy permiso. —Digo autoritaria ante la duda.
—Pero si no sabes lo que es… —Dice Ariel molesta.
—Nada que os haga correr e invadir mi cuarto de esta manera puede ser bueno.
—A ver…—Elena, la cual yo diría que es la más tranquila empieza a hablar e intento poner
cara de escéptica mientras lo hace. —Nos han llegado unas invitaciones para un baile. En la
ciudad, sabemos que queda un poco lejos, pero se trata de una manada grande que viene de un
lugar lejano y exótico. ¿No es emocionante?
Y extraño. ¿Estarán los demás clanes enterados de tal hecho? Si nos invitan a una fiesta no
parece que quien pelear, pero me gustaría saber qué les hace venir de tan lejanas tierras hacia las
nuestras.
—A todas les ha llegado la misma invitación, a todas las que tienen la mayoría de edad
lobuna. —Explica la abuela que no sé en qué momento ha entrado a mi habitación también. —Tu
tío ha recibido una invitación como esas. Pero ésta. —Saca una cartulina que lleva atado un bonito
lazo rojo sosteniendo una carta. —Es para ti. Es la única diferente.
Eso llama mi atención y extiendo mi mano para recogerla. Todas se arriman a leer mientras la
comienzo a abrir.
—Si es diferente para mí. —Sigo alzando un poco la voz. —Quizá es porque soy la alfa. —
Como no se dan por aludidas no puedo más que esbozar una sonrisa. —Fuera.
Espero a que cierren la puerta y, conociéndolas, me levanto a echar el pestillo. Miro la carta
que hay en la cama. Me permito por un instante sentirme importante. Cruzo las piernas sobre las
mantas y la termino de abrir cuidadosamente. Me detengo un segundo a mirar la invitación normal.
Es un gran hotel del mismísimo centro, eso debe ser caro. Es un baile de presentación de respeto y
amistad a los clanes de esta zona. Me centro ahora en la carta escrita con perfecta caligrafía en
cursiva.
“Querida y desconocida Enmma:
Mi nombre es Abdulaye Faissan, soy el alfa de una manada venida del oriente. Pasamos
cerca de vuestras tierras por motivos de celebración, ya que mi hermana ha contraído
matrimonio y deseaba ver mundo. Por ello, en señal de respeto y de paz, puesto que no nos
quedaremos por aquí por mucho tiempo, me gustaría invitar a todos los jefes y sus familias a un
baile que tendrá lugar mañana por la noche en el sitio que figura en la invitación.
Pero no te escribo por eso, esos datos vienen en todas las invitaciones que he enviado. Me
veo en la necesidad de rogar tu presencia. La historia de la única mujer alfa ha llegado hasta
mis tierras, pero, algunos, no la creen. Para mí es de vital importancia que acudas y se te vea,
ya que mi hija Fátima, mi única descendiente, en algún momento será alfa y necesita saber que
es posible.
No será fácil para ella, pero eso, tú debes saberlo mejor que yo.
Apelo a tu experiencia y bondad para que nos honréis con vuestra presencia.
Abdulaye Faissan”
CAPÍTULO 3

Enma
Me siento totalmente conmovida por la carta de Abdulaye, y eso que hace ya un día que la leí.
Es la primera vez que alguien ve que yo sea una alfa como un mérito y ha sido agradable poder
regodearme en eso toda la noche. Aún así, no dejo de plantearme un dilema moral. Salir con gran
parte de mi familia a reunirnos con una manada de lobos que no conocemos... ¿Y si es una
emboscada? Cuando le pregunté tímidamente a Till, a pesar de no estar invitado, fue muy amable.
Dijo que siempre me vendría bien tener aliados y que, mi situación es tan poco común que
considera que puede unir las manadas de una forma muy férrea. Es un buen estratega. Sus ojos
azules me miran con aprobación.
Ahora, delante del espejo, ya no me parece tan buena idea acudir al dichoso baile. Yo siempre
voy con ropa cómoda que permita una transformación limpia y sin girones, pero no creo que sea
una adecuada vestimenta para la ocasión.
Mis hermanas se encargaron en cuanto les dije que sí de ir a buscar la ropa más bonita que
pudieran, les encargué algo para mí puesto que no iba a abandonar la mansión. Me aseguré
también escuchando a escondidas del propósito firme de mi tío de acudir a la celebración. Otra de
las cosas que no me deja tranquila. Al menos no puede llevarse a su esbirro.
Mandé a varios jóvenes lobos a ver si se enteraban si los demás jefes y sus familias pensaban
ir, y así es. Ni uno sólo de ellos rechazó la invitación. Algo me inquieta sobre eso. La montaña
queda sin líderes. Si es verdad que la lealtad de una manada no se doblega por la ausencia del
cabecilla así como así, pero en todas las guerras, el Alfa va a la cabeza y, con lo sucedido con los
vampiros no creo que sea el mejor momento.
Abro las cajas que la abuela Coral ha dejado en mi cama. En una de ellas, hay un vestido azul
eléctrico demasiado ceñido para mi gusto. Tiene una apertura desde el centro del muslo hasta el
tobillo en uno de los lados. Los tacones dorados son demasiado altos. Debí ir yo a elegir mi ropa.
Complemento con algunas joyas de familia del mismo color que mis zapatos el resto de mi cuerpo.
Pero mi pelo es demasiado rebelde. Grandes ondas de fuego rojo caen sobre el vestido. Tengo el
pelo largo y rizado y del color que algunos consideran que confirman que soy bruja. Intento
moldearlo con gran dificultad y acabo haciendo una larga y ancha cola de pez que me llega hasta
la cintura. Coloco un broche dorado en su final para remarcarlo. El espejo me devuelve una
imagen olvidada, por un instante, parezco normal. Hacía cinco años que había ocupado la
posición de líder, tan sólo tenía veintiún años y aunque los consejeros de mi padre ante la
evidencia de que no tendría varones me formaban para el liderazgo, era casi libre en parte de mi
tiempo. Tonteaba con Till, estaba tan formado para su edad y su transformación rápida y elegante
me sorprendía.
Cuando me convertí en alfa todo lo que implicaba ser mujer se anuló, a penas recuerdo las
veces en las que me he arreglado. Cumpleaños y navidades, esa eran las excepciones. Por otra
parte, aunque en la montaña había habido bailes y fiestas, no éramos una de las manadas invitadas.
Nadie quería a la “bruja” allí. Destierro esos pensamientos a un lado cuando me avisan de que
mis hermanas están listas. Nos montamos en los coches y vamos hacia un excitante y prometedor
encuentro.
Al llegar al gran hotel paramos los vehículos para bajarnos de ellos. Todas van elegantes y
preciosas, me alegro de que puedan disfrutar de un momento como este. Las escaleras de mármol
con alfombra roja desprenden elegancia y un perfume de rosas. El interior es especialmente
espectacular. Grandes lámparas con forma de lágrima caen del cielo. Sillones de cuero. Cantidad
de camareros sirviendo champán. Una orquesta ameniza la sala. Todo el mundo va arreglado para
la ocasión.
—Señorita Enma… —Una voz me sorprende. Un asistente está frente a mí. —El señor
Abdulaye la está esperando.
—Yo también iré. —Mi tío no se queda atrás y los dos seguimos al muchacho por la sala
intentando que no se note nuestra animadversión mutua. —¿Son muchos en esta manada, niño? —
Dice sin ninguna educación.
—Oh, sí. Aquí sólo hay una representación de ellos, pero en sus tierras son unos trescientos
cincuenta. —Dice con una gran sonrisa.
Vaya, eso no me lo esperaba. Me equiparan en número, lejos de sentir amenaza tengo
curiosidad por conocer al anfitrión y a la chica que será alfa.
Un hombre alto y fuerte nos recibe con una encantadora sonrisa de dientes blancos que resaltan
en su rostro de color. Por la forma en que me traspasan sus ojos negros sé que debe ser Abdulaye.
Lo esperaba mucho más mayor. Tendrá sólo cinco años más que yo.
—Gracias por venir… —Coge mi mano con intensidad y noto calidez y agradecimiento en su
voz. —Es muy importante para mí y sólo por ello mi manada está en deuda contigo. —Asiento
aunque me siento un poco azorada con la situación. —Quiero presentarte a la próxima alfa de
nuestro clan, será la mejor alfa de la historia. —Lo dice con devoción y eso me lleva a pensar
que, tal vez, no sea tan mayor como yo pensaba la chica. Mis ojos se detienen en unos intensos
ojos negros. No mide más de un metro. Tendrá unos 12 años. Su complexión es delgada y atlética
y sin duda será un bellezón por el que se pelearán los hombres.
—¡Eres real! —Dice con una sonrisa en la cara. —Yo soy Fátima Faissan. Estoy encantada de
conocerte y agradezco tu presencia. —Qué educación. Sin duda le han dado la posición que se
merece desde pequeña.
Alguien de la familia del Jefe se lleva a la pequeña, por el parecido intuyo que será la madre.
Me quedo pensando en lo bonito que debe ser nacer en una familia que te acepte y te ayude a ser
una mujer alfa.
—Es su tía, mi hermana. —Dice de pronto sacándome de mis pensamientos. —Su madre
murió hace unos años y, aunque todos insistieron en que me volviera a casar e intentara por todos
los medios tener un varón sé que no es lo que hubiera querido mi esposa. —Suspira con un
profundo dolor. —Era una mujer fuerte y guerrera, nunca nos negamos a tener más hijos, pero en el
fondo ella sabía que si tras doce años no había llegado uno nuevo, no lo haría ahora. La
preparamos a ella para que asumiera el mando. Pero…al morir ella, algunos se revelaron por el
hecho de que ni si quiera lo intentase. Algunos miembros de la manada minan su confianza…y es
por eso que agradezco tanto tu asistencia y espero que podamos vernos más antes de que mi
manada se retire. —Asiento de nuevo con la cabeza.
Algunos alfas llegan en ese momento ante el encantador anfitrión y me pregunto de qué les
hablará a ellos. Shaun también está y prefiero alejarme para dar una vuelta por la enorme fiesta
sin tener que aguantar impertinencias o provocaciones.
En la gran puerta de roble de la entrada, sobre la alfombra roja, inexplicablemente algo llama
mi atención. No sé qué es. Hay un chico de pómulos altos y mandíbula cuadrada. Su expresión es
relajada y diría que sus ojos son verdes. Tiene el pelo negro y espeso. Su mirada se cruza con la
mía un instante y mi pecho sube y baja con un elevado compás.
—¿Has visto cuanta gente, hermanita? —Me sobresalto y rompo el contacto visual. Le sonrío
asintiendo a Cat y, cuando vuelvo a mirar a la entrada, él ya no está.
CAPÍTULO 4

Enma
Me alegra ver a mis hermanas integradas con la gente. En esta fiesta nadie parece rechazarnos,
ojalá se quedaran por aquí un gran tiempo. Oigo a mi tío despellejar con algún otro alfa a la pobre
Fátima, Abdulaye no sabe la ardua tarea con la que tendrá que lidiar. Pobre niña, perder a su
madre tan joven….Veo mi reflejo en ella y, sin quererlo, los ojos empiezan a escocerme. Las
lágrimas no quieren contenerse. Salgo con disimulo al exterior y respiro grandes bocanas de aire
fresco. Este vestido empieza a parecerme muy incómodo. Oigo voces y me detengo. Parece una
fuerte discusión. Intento agudizar el oído para ver dónde y quién exactamente está teniendo la
trifulca.
—No hagas nada que llame la atención de nadie. —Esa voz si la reconozco. Desagradable y
alta. Siempre con autoridad y disgusto. Es Shaun.
—No estoy haciendo nada. —Una voz melosa y constante le contesta sin alterarse. —Siempre
estás pendiente de quién habla conmigo o cómo. Creía que un alfa tenía mejores cosas que hacer.
—Se burla de él.
Me acerco a paso raudo hasta la esquina posterior de la casa y al asomarse veo a los dos
hombres de imponente altura y aspecto uno muy cerca del otro. Como si fuera una lucha de titanes.
Shaun está colérico. Sin embargo, el otro hombre, el chico de la entrada, tiene su mirada serena
puesta en alguna parte. Su mirada cruza de nuevo con la mía en una milésima de segundo. Shaun ha
debido interceptar algo en los ojos de su contrincante porque se gira también para mirar. Para
entonces yo me estoy encaminando de nuevo hacia la casa.
Grandes suspiros animales están a mi espalda, me giro. Un gran lobo marrón me mira. Shaun.
Nunca se da por vencido cuando se trata de mí. Está furioso, seguramente odia que haya visto su
pequeño malentendido. Qué exagerado. Lanza los dientes al aire en un mordisco y me pregunto
qué quiere que haga exactamente. Estoy en una fiesta y este traje no se recompondrá así como así.
Sigo andando hacia los peldaños de la entrada. Al pisar el primero de ellos….Algo explota en el
interior….Granadas de humo.
Me transformo, sin pensarlo. Corro hacia dentro buscando a mis hermanas. El techo del hotel
empieza a ser arrancado. Manos con largas y liliáceas uñas entran como si se tratara de arañas.
Vampiros, otra emboscada. Todos se transforman y a penas puedo localizar a los de mi clan, hay
mucha gente.
Por fin conseguimos salir hacia las calles y, aunque no deberíamos, empezamos a correr
transformados hacia la montaña. El tío Xiam va delante, es un cobarde y solo quiere salvar su
culo. Le siguen mis hermanas y en la cola, yo. Prácticamente en el pie de la montaña, lugar donde
al atravesarlo estaríamos seguras por la posición de la manada, oigo un chillido de niña. Mis ojos
se agrandan ante el horror. Sobre Fátima hay vampiros, seis de ellos. La miran como si hubieran
descubierto un gran enigma. Más allá Adulaye pelea fuerte con el jefe de la horda. No lo pienso y
me encamino hacia allí con toda mi velocidad y potencia desplegada. Derribo a uno de ellos y a
otro lo muerdo en las piernas con ferocidad. Dos me atacan al mismo tiempo empujando con sus
duras piernas mi costado. Chillo. Me defiendo revolviéndome sobre uno de ellos y arrancándole
un brazo sin apenas esfuerzo, no parece sentir mucho dolor.
—Es ella. —Dice uno de los que quedan. —No podemos matarla.
—Nos vale la niña. —Le discute el otro mientras que balancean sus pies en un hermoso baile
para pelear conmigo. Fátima está tendida en el suelo. Su cara revela miedo, pero también
esperanza, esperanza en que yo le ayude.
Aparecen más vampiros y sé que estamos en clara desventaja, me pregunto si todo esto no será
cosa de mi tío para coger mi posición. Lo desecho de inmediato. Ni si quiera él haría algo tan
deleznable como tratar con los no muertos. Una vez fueron personas, ahora carecen de corazón y
edad, aunque tienen todo el tiempo del mundo.
De una roca cercana aparece de un salto el hombre con el que discutía Shaun, con aquel que yo
crucé una sola mirada que me confundió. Tiene dos grandes espadas en cada una de sus manos. No
lleva camiseta y el color de sus ojos verdes se ha vuelto oscuro, casi peligroso. Puedo oler el
miedo de los otros al verle, como si ya le conocieran, como si supieran que tienen que huir de él.
Lo intentan, de verdad que sí. Huyen despavoridos abandonando cualquier intención de matarnos a
mí o a Fátima. Juraría que no sólo querían matarnos, necesitaban a una de las dos. ¿Por qué? ¿Para
qué? Me fijo en la sincronización que tiene con las armas, como si formaran parte de él. Intento
leer su intensidad en la distancia. Juraría que es un hombre lobo. ¿Por qué lucha con espadas
entonces? Sus grandes y moldeados músculos se funden con sus patadas y alcances a los
enemigos.
Salgo de mis propios pensamientos que me dejan aturdida y me arrastro hacia donde está
Fátima volviendo a mi forma humana dejando la ropa hecha añicos. Qué desperdicio de vestido.
Intento tranquilizarla mientras me señala al cuerpo de su padre. Por todos los cielos que esté vivo.
En cuestión de segundos todo está despejado, el enemigo ha huido como las ratas que son.
Unos ojos verdes me miran fijamente desde el otro lado del campo de batalla. A pesar de ir
cubierta aunque sea de jirones me siento escrutada. Me acerco corriendo a Abdulaye. Su
respiración es irregular pero sigue vivo. Noto que él está detrás de mí, observando la situación.
—Hay que llevarlo hasta la mansión. —Digo olvidándome por un instante de que ese hombre
es un completo desconocido para mí. —Soy la alfa de un clan cercano. —Le digo ante su
pasividad.
—Sé quién eres, Enma. —Mi nombre en sus labios suena de una manera diferente. Como si
significase algo más que un solo nombre. Intento recordar pero sé que si le conociera me
acordaría. —Vamos.
Coge al herido en brazos y se dirige hacia dentro de la montaña. Tiene mucha fuerza, no
parece que le cueste llevar a semejante hombre a pesar de lo grande que es. Yo cojo a Fátima en
brazos y le sigo. Parece que sabe a dónde va, pero eso no me deja nada tranquila. ¿Por qué sabe
dónde vivo? Mi corazón bombea con fuerza aunque sé que ahora mismo no tengo más opción que
seguirle pero… ¿No me estaré metiendo en la boca del lobo?
CAPÍTULO 5

Axel
Camino concentrado entre el paso que me abre la montaña hasta la mansión de Enma. Ella va
prudentemente callada detrás de mí mientras sostengo la poca vida que le queda a Abdulaye
Faissan en mis manos. Me pregunto qué querrán los vampiros. Aunque siempre estamos en
constante enfrentamiento con ellos, ésta vez era diferente. Buscaban algo, o a alguien. Miro de
reojo a la mujer del pelo de fuego que parece estar concentrada en descifrar algún tipo de
jeroglífico. No sabe de qué la conozco y, como es cautelosa, le da miedo. En realidad no es que la
conozca como tal, es que soy como un fantasma en la montaña. Soy un hombre lobo, pertenezco a
una manada, pero no me transformo delante de nadie. Hay algo en mí que está mal, o eso quiere
que parezca mi alfa. A mí no me gusta discutirle y, además, me agrada el trabajo que me
encomendó. Me dedico a ir con mis armas por el pie de la montaña, sigiloso como el mejor de los
depredadores para dar caza a nuestro mayor enemigo. Huyen, me temen. Me gusta esa sensación
de poder.
Ya se ve su mansión algo difuminada a lo lejos y voy arrastrando los pies más perezosamente
hasta casi detenerme.
—¿Qué ocurre? —Dice pasándome lo justo y parándose para observarme. —¿Es que no
piensas llegar hasta la puerta?
—Aúlla y que vengan a por él. —Lo deja cuidadosamente en el suelo y me pregunto qué
mosca le habrá picado. ¿Por qué no va hasta la casa? ¿Por qué ese aire tan enigmático y
cautivador?
—¿Quién eres? —Inquiere con sus labios puestos en una postura decidida. Tiene el pelo
revuelto y le sube y baja el pecho con energía por el esfuerzo llevado a cabo.
—Axel… —Dejo caer mi propio nombre inconscientemente, pues no tenía pensado
desvelárselo, porque siempre he intentado ser invisible. —No le preguntes por mí a nadie. No
digas que lo traje yo. —Asiente sin mucho convencimiento mientras me giro para irme. —Y,
sobretodo, no hables de mí con el estúpido de tu tío Xiam.
Lo llamo estúpido aunque no sé si es muy correcto, quizá yo no sea demasiado formal.
Siempre está rondando a mi hermano Shaun, como si él fuera el alfa, como si tratara de
convencerlo de que, si le ayuda a hacerse con el poder, tendría un poderoso aliado. No hay que
alterar el orden del destino. Los alfas nacen para serlo y está en nuestra propia condición de lobos
aceptar la jerarquía, aunque a veces se sienta tan injusta o dura.
—Axel… —Mi nombre pronunciado por esa mujer hace que me detenga sin girarme durante
un instante. De reojo puedo ver sus grandes ojos marrones mirándome tras esa cascada de pelo
rojo. Tiene la ropa echa girones y, desde aquí, diría que su piel huele a azahar.
No dejo que diga nada más o, al menos, no quiero escucharlo. Algo hace que me sienta
aturdido. Cuando estoy lo suficiente lejos me transformo. Me sienta bien hacerlo. La libertad de
correr sin ser visto, de practicar mi agilidad más allá de mi forma humana y el poder que me
confiere saber manejar las espadas de esa manera ancestral.
Cuando la mansión de la manada a la que pertenezco, la de mi hermano, se ve de cerca cojo de
nuevo mi postura humana. Shaun me tiene prohibida la transformación delante de la gente. ¿Por
qué? Motivos de seguridad, alega. ¿La verdad? No soporta que mi tamaño sea mayor al suyo, dice
que va contra las propias normas divinas y que, si la gente lo ve, querrán matarme. No es que dude
de ello, la gente tiene sed de sangre todo el rato, como si su vida fuera insulsa e insuficiente.
La gran escalinata al sótano me recibe vacía. He dispuesto mis aposentos en el sótano por
propia comodidad. Es un espacio amplio y allí abajo tengo todo lo que hace que mi vida tenga
sentido, armas como para iniciar una guerra y libros como para cambiar la historia. Nadie nunca
baja allí. No les hace falta. Hay entrenadores para hombres lobo, yo mismo los usé cuando
empecé a transformarme. Y dejé de hacerlo tras cumplir la mayoría de edad lobuna.
Me acuesto en la gran y cómoda cama, las sábanas me reciben aterciopeladas y me recuerdo
que tengo que bañarme e irme a custodiar, pero a nadie le va a molestar que me eche una
cabezadita. Desde luego, atacarnos dos veces en un día sería inusual. El mal presentimiento llega
hasta mí antes de poder pararlo. ¿Por qué se adentran tanto? Oí a algunos murmurar, gracias a mi
gran habilidad para esconderme, lo que sucedió cuando tendieron la emboscada, ¿qué no es mi
hermano que sí es Enma? Mi mente me grita una contestación a la que no estoy acostumbrado, mi
cuerpo responde instintivamente mientras que mis fosas nasales no pueden olvidar el profundo
olor a azahar…
“Pasea con un largo camisón blanco que hace que resalte su pelo rojo. Deja entrever su
elegante figura y, como nunca lo hace, sonríe. No es una risa casual, sino sensual. Su mirada de
miel se detiene sobre la mía como si pudiera alimentarme sólo de eso. Un rugido. Es un instinto
animal que no puedo controlar. La miro como si mirase todas las respuestas que necesito. El calor
me recorre la espina dorsal y no sé por qué sólo contemplo la escena. Como si leyese mis
pensamientos me niega con la cabeza y me pide con un dedo que la siga. Lo hago, siempre lo
haría. Andamos en un vaivén de pasos cortos por lo que parece ser la biblioteca de mi habitación.
Su boca se acerca a la mía pero su calidez no llega hasta mí, se detiene demasiado rápido y no
puedo obtener todo lo que necesito. Se pega un poco más a mi cuerpo parándose sobre mi oreja.
Respiro aunque no estoy seguro de cómo lo hago.
—¿Cómo crees que serían nuestros hijos? —La pregunta me pilla desprevenido y sólo puedo
contemplarla. —¿Crees que tendrían los ojos verdes?
Como si de una pesadilla se tratara se esfuma. Ya no está. Mi instinto hace que mire
constantemente de un lado a otro y mis ojos se detienen en un tomo cuyo lomo es de color dorado.
No creo haber leído ese libro”
Me despierto sobresaltado. Nunca sueño. Y menos con nadie. Un pequeño hilo de sudor riega
mi espalda lujuriosamente. Sacudo mi cabeza y, aunque parece una tontería, me levanto y empiezo
a andar tal y como lo hacía en el suelo. Confieso, aunque no debería, que no me disgustaría que
Enma estuviera enseñándome el camino. Cuando llego al lugar indicado mis ojos no pueden
creerlo. El libro es exactamente igual que en el sueño, nunca antes lo había cogido. Es un tomo
extenso que cojo entre mis manos. “De la jerarquía y las casas”. Me pregunto si es posible que
ella me haya enviado un mensaje o es que me estoy volviendo loco….por ella.
CAPÍTULO 6

Enma
La noche en vela custodiando a mi herido invitado es un caos. Gente entra y sale de la
habitación constantemente asistiendo a Abdulaye. Mando a la pequeña Fátima a dormir con mis
hermanas Savannah, Patty y Sammantha, son las que por edad mejor congenian con ella, y eso
facilita las cosas. Le aseguro que todo va a estar bien con su padre pero no estoy tan convencida
de ello. Tiene una herida en el hombro y otra en el costado que parece que se está infectando.
—¿Qué harás si muere, Enma? —Till ha estado callado toda la noche sin querer interrumpir el
recorrido de mis pensamientos. Lo agradezco puesto que he estado dispersa con lo del tema de
Axel. —Enma, ¿Me estás escuchando? —Le miro y esbozo una pequeña sonrisa para evitar la
reprimenda. —Si él no sobrevive qué vas a hacer con la niña. No estás precisamente en tu mejor
posición dentro de la manada como para pedirles que peleen por otra mujer que se convertirá en
alfa a la que, parece ser, que quieren secuestrar unos vampiros. Ni si quiera es de aquí. —Me
encojo de hombros como única respuesta. —Tampoco sé como conseguiste llevar a ambos sanos y
salvos hasta aquí.
—¿Estás dudando de mi capacidad, Till? —Ataco. —Te recuerdo que soy tu alfa.
Baja la cabeza en señal de respeto y arrepentimiento. Lo aprovecho para evitar el tema. Por
alguna razón, además de que él mismo me lo pidiera, no le he mencionado a nadie la ayuda de
Axel.
El hermano más pequeño de Shaun, tiene un imponente físico y agudas facciones, pero tiene
algo diferente a sus hermanos… No sabría decir qué exactamente. Recuerdo haberles visto
discutiendo y tampoco consigo acordarme de haberlo visto junto a su padre el alfa sabio. No
entiendo por qué. Es un buen guerrero.
Me pregunto qué puedo hacer para averiguar un poco más de él sino puedo hablarlo con nadie.
Sé que hay una biblioteca en la mansión del alfa sabio pero no se me ocurre cómo colarme en ella
exactamente para ojear sus libros. ¿Pero qué estoy diciendo? Ni que fuera una adolescente que se
va colando en moradas ajenas. Soy una alfa.
Al final sucumbo a mi propia voluntad. Mi subconsciente me grita que no lo haga. Convenzo a
Cat, Elena y Sarah de vayan a visitar a la prima de estos, Monik. Es una chica muy maja y siempre
ha sido amiga de mis hermanas ya que tienen la misma edad. También es verdad que sé de sobra
que más de una querría ser candidata a ser la esposa de Dereck. Shaun nos cae mal a todas, no por
nada, sino porque el odio que nos tiene es férreo e incomprensible. Pero Dereck es otra historia.
Cauteloso, buen guerrero y de muy buen ver. Sus músculos traen de cabeza a más de una dentro y
fuera de la montaña.
Se extrañan de mi sugerencia y de que vaya a acompañarlas hasta la puerta. No les pienso
decir que aprovecharé la distracción de que ellas estén por allí para colarme e investigar, no
queda serio. Cuando llegamos hasta la gran verja de hierro negro, un muchacho las atiende con
galantería y educación. A pesar del disgusto de Shaun, su padre, el alfa sabio, sabe que están en
edad de casarse y no les parece mal que estén por allí. Además, una mujer para ellos no supone
ninguna amenaza. Qué antiguo. Me encaramo por detrás aprovechando el pequeño revuelo y
agudizo mi olfato y mi oído para ir escondiéndome agazapada en cada esquina. La puerta trasera
del jardín está abierta y entro sin pensármelo dos veces. Hay mucha gente que corre de un lado a
otro dentro, son gente del servicio. Me pregunto si su olfato es nulo o si están demasiado
concentrados en darle de comer a los señores. Consigo escabullirme hasta el pasillo y, al oír unas
pisadas, me meto de lleno por una escalera que baja hacia el sótano. Me suena que el idiota de mi
padre algún día mencionó que casi todas las mansiones estaban cortadas por el mismo patrón. Y la
mía, tiene la biblioteca en el sótano. Bingo. Demasiado fácil me parece haber llegado hasta allí
cuando empiezo a vislumbrar centenares de libros. Intento no hacer ruido. Un olor a jabón y menta
me desconcentra por un instante y vuelvo a mirar hacia la escalera para asegurarme de que nadie
viene a por mí. Sería muy difícil explicar cómo y por qué he entrado hasta allí. Busco entre las
hileras la que empiece por J, busco la jerarquía e historia de la casa Russtle, mansión en la que
me encuentro. Empiezo a pasear mis dedos por los cantos de los libros y estoy segura de estar
llegando al lugar indicado, pero sólo encuentro un hueco.
—¿Buscas esto? —Me sobresalto y me pongo en guardia para encontrarme a Axel sin
camiseta con uno de sus brazos detrás de la cabeza y en el otro el libro que buscaba. Parece que
acabe de despertarse. Tiene el pelo revuelto y su gran pecho sube y baja tranquilamente. No
parece alterado con haberme encontrado allí abajo. Tampoco parece que vaya a llamar a su
hermano para informarle de que me he colado en su casa. —¿Para qué lo quieres?
—Esto… —Me quedo pensando mirando sus preciosos ojos de color verde. Diría que se ha
intensificado su color desde la última vez que nos vimos. No puedo decirle que quería saber por
qué nadie podía saber que me había ayudado. No puedo decirle que, de repente, me parece una
imperiosa necesidad saber cosas de cómo nació o por qué no lucha junto a sus hermanos a pesar
de ser un buen guerrero. —¿Cómo sabes que estaba aquí? —Una defensa es un buen ataque.
—Verás… —Se acerca a mí sin pudor alguno encerrando con sus musculosos brazos mi
cabeza a ambos lados. —Éste, es mi cuarto. —De todo lo que podía decir eso es lo único que no
esperaba. Me quedo perpleja mientras intento pensar qué puedo decir al respecto. —¿Cómo lo
hiciste y por qué?
—¿El qué? —No sé de qué habla. —¿Meterme aquí? Verás…no tenéis demasiada seguridad
y… —Empiezo a decir.
—Eso me da igual. —Lo dice en serio y no deja de escrutar entre amenazadoramente y de
forma sexy mi mirada. Sólo me encojo de hombros en respuesta. —Lo de meterte en mi cabeza
para que leyera este libro. —Sube a la altura de mi visión el libro.
—Yo no he hecho tal cosa… —Aseguro algo confusa.
—Estoy casi seguro de que alguien se ha colado aquí abajo. —Oigo una voz que grita y que
baja rápidamente las escaleras dirigiéndose justo a donde estamos.
Miro a un lado y a otro buscando escapatoria. No pueden verme aquí. Shaun no puede
enterarse. Como si leyera mis pensamientos, antes de poder impedirlo, su boca inunda la mía
cubriendo con su amplio cuerpo toda visión que el extraño pudiera tener de mí.
CAPÍTULO 7

Enma
Es un beso cálido y pasional. Tengo involuntariamente las dos manos sobre su pecho. Quizá no
debería pero abro mi boca para que su lengua pase con sensualidad.
—Creo que se ha ido ya. —Se separa lentamente de mí dejándome totalmente aturdida. —¿Y
bien? —Vuelve a su postura anterior como si nada hubiera ocurrido
—¿Y bien qué? —Empiezo a sentirme totalmente furiosa. Quizá porque no le ha afectado lo
más mínimo tener que besarme. A saber con cuántas le han pillado en esta misma situación. Eso
todavía me enfurece inexplicablemente más.
—¿Cómo hiciste lo de hacerme coger el libro? —Suspiro fuertemente. Niego con la cabeza
separándome aún más. —Vale, olvida eso. —Se toca el puente de la nariz. —¿Qué venías a
buscar?
—Nada. —Me doy la vuelta para empezar a caminar hacia la escalera.
—Enma. —Me coge fuertemente de la muñeca para hacerme girar. —Por ahí vas a ir
directamente a ver a Shaun. No has venido en buen día. —Asegura dejando de ejercer cualquier
tipo de presión.
—¿Y si venía a verle? —Contesto altiva.
—Si vinieras a verle…—Dice siseando y esbozando una pequeña sonrisa. —No habrías
traído a tus hermanas como cebo y te hubieras colado aquí sin saber que era mi cuarto tan sigilosa.
—Touché.
—¿Por qué no es un buen día? —Desvío sus acertadas suposiciones. —Si es porque está de
mal humor, siempre lo está. —Me río yo sola de mi ocurrencia mientras él me mira.
Se gira y empieza a andar de nuevo hacia dentro de la biblioteca. No sé si seguirlo, pero
finalmente resoplo y lo hago. Me sorprende que ni si quiera se gire, como si estuviera seguro de
que le seguiré. Ya no quedan estanterías y, en su lugar, las paredes están llenas de armas. Espadas
largas y afiladas de distintas empuñaduras y tamaños. Hachas pesadas, bolas de hierro y otros
muchos artilugios antiguos y letales. Cuando creo que ya no me puedo sorprender más recorriendo
la inmensa estancia aparece una cama enorme con sábanas de seda azul marino y mullidas
almohadas de color blanco. Sin si quiera mirarme se tira de un salto a la cama y se tumba boca
arriba. Desvío mi mirada de la estampa que me ofrece algo azorada.
—Hay una butaca en esa esquina. —Señala un sillón de cuero de color rojo que hay en la
esquina derecha. —Si vas a tener que esperar a que se vaya toda la gente que está por venir, te
recomiendo que lo hagas sentada.
—¿Quién va a venir? —Inquiero pero cierra sus ojos dejando entrever sus largas pestañas
pasando olímpicamente de mí. Posa sus dos manos detrás de la cabeza en forma de burla. Me deja
muy claro que está cómodo y que simplemente piensa ignorarme. Me paseo por la estancia cerca
de las paredes buscando algo que ha llamado mi atención antes. Una pequeña y puntiaguda daga
con la empuñadora de esmeraldas verdes. La cojo y rápidamente me encaramo de puntillas a la
cama para a cuclillas colocarle el afilado objeto sobre la yugular. —¿Quién va a venir y por qué?
—¿Ahora son dos preguntas? —Abre lentamente sus ojos sin temor alguno en ellos. —Tú
tampoco has contestado a mis preguntas, yo de ti descansaba.
—¿Te has dado cuenta de que tengo una daga sobre la nuez de tu garganta y que degollarte
sería cuestión de una milésima de segundo? —Le grito como si estuviera loco.
—No lo vas a hacer. —Se incorpora un poco y su olor está demasiado cerca para mí. —Y no
grites, te van a oír.
Me frustra, me indigna su comportamiento. Me enfurece. Tiro el arma al suelo porque, en
realidad, él tiene razón y no le iba a hacer nada. No me creo capaz de matar a alguien si no me ha
hecho nada. Decido hacer todo lo contrario. Sacar la información por mí misma. Voy hasta una
cómoda de roble que hay y empiezo a abrir los cajones. Se incorpora en la cama y me observa en
silencio como si no entendiera qué estoy haciendo. Cojo unos pantalones de deporte tras desechar
muchas opciones. Necesito uno que lleven elástico y también cojo una camiseta negra del
susodicho estúpido que tengo detrás.
Me quito mi ropa intentando ignorar el hecho de que hay un extraño que me está mirando. Me
coloco la que he escogido y me descalzo. ¿Para qué? Para esconder mi propia fragancia de quien
pueda estar arriba con Shaun. Si Axel no me cuenta quien va a venir lo haré yo misma. Subo los
escalones despacio evitando cualquier tipo de ruido. Me quedo agachada tras una columna antes
de asegurarme de que no hay nadie que me pueda ver. En el vestíbulo están todos los alfas. Todos
menos yo. Sé que no he sido invitada y me sorprende haber caído aquí justo cuando se está
cociendo algo. Pasan mis hermanas junto a Monik y Dereck y ellas también se quedan mirando a
los alfas que parecen intercambiar susurros que seguramente indican que yo me enteraré de esto.
Lo que no saben es que yo me estoy enterando en vivo y en directo.
—¿Qué tramarán estos machitos? —Susurro un poco más alto de lo que debería.
—¿Se puede saber que estás haciendo? —Axel me coge de la cintura y me baja por la escalera
como quien coge a una niña que se está portando mal. —¿Es que se te ha ido la cabeza? —Me
mira todo lo serio que supongo que puede ser. —¿Qué piensas decir si te ven?
—No me verán. —Digo segura. —Además, yo tengo derecho a estar ahí. Yo soy una alfa y,
evidentemente eso es una reunión de alfas. —Parece que no se ha dado cuenta del detalle.
—Sé perfectamente que es una reunión de alfas. Te recuerdo que te avisé de que venía visita y
que no era un buen día. —Niega la cabeza a un lado y hacia otro. —Pero por lo visto, si no te ha
llegado ninguna invitación es que no estás invitada.
—¿Por ser mujer? —Le encaro poniéndome más cerca
—Por lo que sea, Enma. —Se aleja más de mí, como si solo se acercase cuando es
estrictamente necesario. —No les des un motivo. —Saca el libro por el que habíamos discutido
anteriormente y lo deja sobre el sillón. —Quédate ahí y lee lo que has venido a buscar. Deja de
meterte en la boca del lobo.
—Eso tiene gracia dado que yo lo soy. —Medito sobre el hecho que me rondaba la cabeza
desde el día que me ayudó. ¿Por qué no se lo llevan a la hora de luchar? ¿Qué pasa con él? —
Axel, tú también eres un lobo… —Lo digo esperando a que me contradiga, pero, evidentemente no
lo hace. —¿Qué aspecto tienes?
CAPÍTULO 8

Axel
Pasa las páginas resignada en un principio. Está sobre la butaca con ambos pies encima
descalzos. Se me hace tan extraño que lleve mi ropa puesta. Sin permiso y sin vergüenza. Me
quedo pensando en cuando la he visto cambiarse. ¿A quién se le ocurre hacer eso delante de un
desconocido? Tiene las piernas largas y aunque el cabello rojo le llega hasta la cintura en hondas
he podido ver su marcada cintura. Después ha salido corriendo y no he tenido más remedio que
seguirla. Me pregunto volviendo al presente qué pretende encontrar en ese libro. Eso me lleva a
pensar en si de verdad solo fue una coincidencia que soñara con ella en mi cuarto cogiendo ese
mismo tomo precisamente. Demasiada casualidad. Empieza a echarse hacia delante leyendo de
más cerca y levanta la mirada para atravesarme con sus ojos color miel. Entrecierra sus pestañas
como si descifrara alguna clase de jeroglífico.
—¿Qué pasa ahora? —Interrogo echando mi cabeza hacia atrás.
—Te pareces a tu padre. —La miro asombrado con la afirmación que hace. —Eres el único
que tiene sus ojos. —Cierra el tomo algo decepcionada. —¿Cuánto tiempo crees que estarán ahí
arriba? ¿Y de qué hablan?
—Iré a averiguar. —Lo digo antes de pensarlo. —Pero no te muevas de aquí. —La señalo con
un dedo. —Júralo.
—Lo juro. Estaré aquí cuando vuelvas. —Sé que lo dice enserio.
Subo los escalones poniéndome una camiseta y tras subir los escalones me cruzo con Dereck,
que acaba de despedir a las hermanas de la chica que me está esperando abajo. Se sorprende
cuando le digo que le acompaño a la reunión que se está celebrando. Yo nunca hago acto de
presencia en estas cosas. Al menos eso aún no lo tengo prohibido.
—Si ese hombre muere, quizá su manada nos eche la culpa a nosotros. —Mi padre me mira
desde su sillón extrañado con mi aparición mientras el alfa Martillo sigue hablando. —Al fin y al
cabo somos los alfas de la zona y aunque estuvimos allí nadie hizo nada.
—Alguien sí hizo algo. —Asegura el idiota de mi hermano. Shaun tiene una sonrisa torcida
que no me gusta nada. —Enma se llevó a la niña a salvo, y, en su casa está el herido.
—Bueno, quizá así no se enfaden tanto si tiene a la niña a salvo…—Sugiere otro.
—O quizá encima crean que la hemos secuestrado. —Repite Shaun. —Yo he tenido una idea,
pero es algo que requiere un consenso. —No me gusta nada el cariz que está tomando esta reunión.
Algo empieza a ponerme tenso de repente.
—Cuéntanos de qué se trata. —Aventura otro.
—Sólo debería haber alfas en esta reunión. Ya que sólo nosotros tendremos voz y voto. —
Siempre tan pedante y preocupado en remarcar su estúpida autoridad. Como me gustaría pegarle
una dentellada en el cuello. —Papá, tú quédate, por supuesto es una excepción razonable.
Dereck no pone problema y yo tampoco lo hago. En cuanto me despido de él en la bifurcación
de la escalera vuelvo hasta la puerta y me encaramo en el conducto de la ventilación. ¿Se puede
saber quién me manda a mí hacer esto? Mejor no me respondo a mí mismo a esa pregunta. Me
coloco a hurtadillas justo en el centro, donde mejor escucho.
—Si invadimos la mansión de Enma, trasladamos a la niña al herido aquí, cuando lleguen aquí
los miembros de la manada podemos dar nuestra propia versión. —Hace una pausa dramática y
prosigue con su propio plan idiota. —Que Enma fue la causante de la emboscada. Que quería más
poder por ser la única mujer alfa. Salvamos a la niña. A Abdulaye y estamos dispuestos a
cualquier tipo de consideración. Si sobrevive no habrá problema. Si no lo hace quizá podríamos
concertar el matrimonio de la pequeña Fátima conmigo mismo para cuando cumpla la mayoría de
edad lobuna.
—Los lobos del clan del alfa maldito no tienen la culpa. No podemos hacerle pagar por algo
que ellos no han elegido. —Dice mi padre con algo de angustia en la voz.
—No habrá represalia ninguna. He pensado en ello y creo que a Dereck no le importaría
casarse con Enma. Es una chica bonita no cabe duda, un poco rebelde, pero seguro que no quiere
que le pase nada a ella o a sus hermanas…
—Es algo que tenemos que meditar…—Dice otro. —Invadir así una tierra que tiene alfa….Un
clan tan numeroso…. ¿Y si finalmente no pasa nada y nadie llega hasta aquí pidiendo la guerra?
¿No deberíamos esperar?
Mi pecho está agitado y me pregunto en qué momento ha trazado ese horrible plan. Que Enma
se case con Dereck, qué estupidez. ¿Y por qué ha dicho que seguro que no le importaría?
Finalmente y pese a mucho insistir, a tiempo para que mis piernas estén totalmente entumecidas,
deciden que es demasiado apresurado. Van a esperar…Vigilarán los actos del clan de Enma y, en
especial, de su familia. Seguirán de cerca el estado de salud de Abdulaye y, según lo que pase,
decidirán actuar en esa barbarie de plan o no.
Vuelvo sobre mis pasos asegurándome de que nadie me ve. No me conviene que piensen que
les he oído. Al llegar a mi habitación me quito la camiseta. Me molesta llevarlas y más cuando la
ira me hace estar tan acalorado. Por un momento me había olvidado de que estaba ella aquí. Esta
sobre la cama profundamente dormida. Me extraña que no haya saltado como una ninja sobre mí
para saber de qué habían hablado exactamente.
Aunque debería despertarla y contárselo, me detengo a mirarla sentándome en el sillón. Quizá
no es tan importante que la información se la dé hoy. Cojo el libro decidido a dejarla dormir y me
pregunto en qué momento de mi jerarquía se le habrá ocurrido decirme lo de mis ojos. Es tan
extraña la forma en la que me habla….Como si viera más de mí de lo que yo quiero mostrarle. Por
suerte, aunque no le he contestado a lo de qué forma tengo, lo ha dejado pasar. No es un tema que
quiera tratar con ella. Odia a Shaun y, en realidad, ni si quiera sé porqué le hago caso ante su
prohibición de que me transforme delante de nadie. Siempre me ha tenido un odio especial. Quizá
eso es algo que tenemos en común Enma y yo.
CAPÍTULO 9

Enma
Cuando me despierto siento que he dormido una eternidad. Unos ojos verdes me observan, en
la oscuridad, pensativos.
—Si no hubiera estado oyendo tus latidos, hubiera pensado que habías muerto.— Esboza una
pequeña sonrisa. — Duermes como un lirón y ocupas toda mi cama.
Me ruborizo y me incorporo casi de un salto. ¿Cuánto tiempo llevo durmiendo? ¿Cuánto
tiempo lleva mirándome? Debo de tener un aspecto horrible. Recuerdo que encima llevo su ropa.
—¿Qué hora es? —Digo buscando un reloj por alguna parte casi mareándome de hacerlo todo
tan apresuradamente.
—Madrugada. —Abro los ojos de par en par. Y me visto como si fuera una adolescente a la
que van a pillar sus padres. —¿Qué haces?
—Tengo que irme. —Intento buscar mis zapatillas que, de repente, parecen estar jugando al
escondite. —¡Pero ya! Además, puede que Abdulaye haya despertado.
—¿Piensas ir con mi ropa? —Me señala y me siento de nuevo avergonzada. —Digo, eso sí
que va a hacer que te pregunten de dónde vienes.
—Yo no tengo que dar explicaciones allí donde voy, es mi manada. —Afirmo aunque no estoy
del todo segura. Respiro y me atrevo a hacerlo de nuevo. Me desnudo para quedarme en ropa
interior para cambiar de nuevo a mi ropa.
—Perfecto, vamos. —Rebusca en sus cajones y saca una camiseta de manga corta y cuello de
pico gris que se ajusta a su cuerpo.
—¿A dónde crees que vas tú conmigo? —Ni se le ocurra aparecer conmigo por la puerta
principal de madrugada como si hubiera pasado algo entre nosotros además de que me haya
quedado dormida accidentalmente en su cama.
—Creía que querías saber qué había pasado ahí arriba. —Pienso en lo que me está diciendo y
me llevo las manos a la boca cuando recuerdo por qué estaba sola aquí. La reunión de los alfas.
—Vamos.
Le acompaño a hurtadillas hasta conseguir saltar la valla y salir de la mansión sin que nadie
nos vea. ¿Por qué me está ayudando con tanto empeño? ¿No se supone que esto es una traición a su
clan? Se me hace raro estar paseando por la montaña, de regreso a casa, con él andando delante
de mí. Me pregunto en qué momento se dará la vuelta y se irá.
—¿Conoces a mi hermano Dereck? —Pregunta de repente y eso me pilla desprevenida. —
Bueno, ya sé que lo conoces, siempre va pegado a mi hermano Shaun, pero me refiero más como
persona y no sólo cuando vais a cosas de alfas y sus familias…. —Empieza a mirar intentando no
fijar sus pupilas en mí a la luna y me pregunto a qué viene eso.
—No mucho, es un buen guerrero. —Me encojo de hombros. —Pero no sé de él nada más.
Mis hermanas, las que van justo por detrás de mí en edad dicen que es muy simpático y que sería
un buen partido para casarse. —Me río sola del pavo que llevan mis hermanas metido en la
cabeza. ¿Hasta qué edad dura la adolescencia? A él no le parece haber hecho gracia. —¿Por qué?
—Vuelve a mí la urgencia de saber qué hablaron los alfas cuando yo estaba durmiendo donde no
debía. Lo que sí me ronda la cabeza y hace levantar mis alarmas es el por qué él iba a contármelo
si fuera perjudicial para su hermano. Quizá debería haber ido yo en cualquier caso a escuchar.
—Si no te quisiera contar lo que han hablado, lo habría tenido fácil, podría haber dejado que
te pillasen hurgando donde no debías. —Me molesta que haya sido capaz de descifrar el hilo de
mis pensamientos. —Por cierto…. ¿Qué esperabas encontrar en el libro?
—¿En este? —Lo saca de debajo de su camiseta y me pregunto en qué momento lo ha robado
de mi biblioteca. Nadie puede darse cuenta de que falta el libro de la familia. Es nuestro origen y
también nuestro destino. —No lo sé. Algo extraño me pasó. Fue como un sueño en el que tuve la
necesidad de saber sobre el origen de tu familia. —No sé por qué le cuento la verdad. —Quizá
sólo me esté volviendo loca.
—Tienen miedo de que le pase algo a tu invitado. —Diría que esa última palabra ha sido
dicha con alguna clase de desdén. —Por lo de que la niña se convierta en alfa, ya sabes.
—Claro que sé. —Me cabrea profundamente el hecho de que ya estén pensando en eso.
Abdulaye se recuperará y se irá con su preciosa hija Fátima al lugar de dónde nunca debieron
salir. Siento que estén pasando por esto. No se lo merecen. Él es un buen padre que jamás quiso
destronar a su hija, aceptó los designios de los cielos y la muerte de su esposa. Preparó a su hija
para ser la mayor alfa que se haya conocido e intentó cambiar los pensamientos de sus gentes.
Igualito que mi padre. Me entristece pensar en ello. Me detengo un instante sin dejar de caminar a
pensar en cómo hubiera sido yo si no se me hubiera atacado y juzgado tanto… —Voy a ir a ver al
oráculo. —Lo digo, sin más, como si no fuera lo más peligroso que se puede hacer.
El oráculo está custodiado por las Hadas del destino, son pequeñas, preciosas y letales. El
oráculo, tiene vida propia pero nadie sabe decir a ciencia cierta si es un ser o dicta la voluntad de
algún otro. Los lobos somos las criaturas que más respeto le tenemos al punto del oráculo. Desde
pequeños se nos enseña que las respuestas que da no son totalmente absolutas, que requieren
interpretación y que, en muchos casos, una mala interpretación puede conllevar la muerte. Algunos
dicen que mi madre consultó al Oráculo si sería capaz de engendrar otro varón tras suceder lo de
mi hermano, como la respuesta fue negativa, se suicidó. Mi abuela dice que sólo son habladurías.
—¿Estás loca? —Me mira como si de verdad acabara de descubrir que se me ha ido la olla
por completo. —¿Con qué fin? ¿Qué te maten? —Me coge suavemente del brazo para que le mire.
—No es un buen momento para que abandones tu clan para hacer un viaje de tres días. Ya te lo he
dicho.
—Gracias por tu opinión no solicitada. —Me fijo en que ya hemos llegado a mi mansión y
siento alivio. —Adiós Axel.
Me permito el lujo de cerrarle la verja en las narices y no hace nada por impedirlo. Lástima.
Me pregunto quién se cree que es con sus grandes y bonito ojos verdes para venir aquí a darme
órdenes. Recuerdo que dijo que no quería que nadie le viera, por eso no me ha discutido. ¿Y por
qué? ¿Tiene miedo de que a su hermano le diga alguien que le han visto confraternizado con el
enemigo? Cobarde. Hombre.
Me tranquilizo cuando llego a la habitación de Adbulaye y me dicen que está mejorando
notablemente. Es un alivio oírlo. Más aún cuando soy consciente de que el resto de alfas andan
con la mosca detrás de la oreja. Mi cuarto me parece incómodo y pequeño a estas horas de la
madrugada en las que estoy alterada e inquieta. Iré al Oráculo, y si es peligroso, que así sea. Yo
tengo que resolver dudas sobre mí y, sobretodo, sobre Axel.
CAPÍTULO 10

Axel
Maldita loba cabezota. La verdad es que me gustaría saber qué hago aquí. Justo donde acaba
el límite de la mansión de Enma esperando a que salga en algún momento para hacer el viaje hacia
el Oráculo. No tengo que preocuparme por mi hermano Shaun, está tan pendiente de intentar
destruir a todo el que pueda eclipsar su poder que ni si quiera se dará cuenta de mi ausencia.
El día que me prohibió transformarme de nuevo delante de alguien, fue en mi mayoría de edad.
Dijo que era eso o la muerte. ¿Por qué? Nunca le pregunté. Las veces que me transformo es
únicamente para presentar batalla a los vampiros. Tal y como hago con mis hierros y la forma
humana. Me nombró protector de la montaña en su nombre y divagué cada noche buscando sangre
y venganza contra la raza enemiga. No participo en la política ni vida social del clan. No soy
como Dereck. Quizá por eso no me mencionó en sus planes de casamientos…. No se me quita de
la cabeza sus extravagantes sugerencias. Apoyo mi espalda contra una roca y me pregunto cuánto
tardará en salir.
No se hace de rogar. Ha debido dejarlo todo atado en el menor tiempo posible. Va toda
vestida de negro. Botas de cuero y pelo rojo cogido en una larguísima trenza. Va armada aunque,
si soy sincero, nunca la vi pelear, ni si quiera en la distancia, de una forma distinta a su forma
lobuna. Tiene una envergadura impresionante en su transformación para ser mujer. Supera en
varios palmos a mi hermano Shaun. Les he visto varias veces enfrentarse y siempre ella ha
conseguido humillarle sin despeinarse.
Como si notase mi presencia gira su cabeza hacia la izquierda. Allí estoy yo. Entrecierra sus
ojos pensativamente. Está realmente enfadada. Acelera su paso para encararme de más cerca y no
puedo más que esbozar una sonrisa.
—¿Se puede saber qué haces tú aquí? —Pega con la palma de su mano fuertemente mi pecho.
Y la sostengo de la muñeca levemente para que no vuelva a hacerlo. —¿Sabes acaso que no
puedes impedirme ir a ver el Oráculo? —No puedo evitar sonreír de nuevo. —Eres imbécil, Axel.
Vete a casa.
Empieza a andar y la sigo a unos pasos de distancia. Aunque ya debería haber salido el sol el
cielo está cubierto de grandes y espesas nubes que oscurecen la visibilidad. Seguimos
descendiendo la montaña y, aunque esperamos a que algo suceda, nada pasa. No todo está de
nuestra parte por allí arriba y nos comenzamos a empapar con leves copos de nieve. Pronto no
podremos caminar en nuestra forma humana.
—Deberíamos parar antes de que empiece la tormenta. —Le sugiero. Hace como que no me
oye y, sin pensarlo dos veces se transforma magistralmente en la gran loba de pelo anaranjado que
tanto impresiona. Se gira para ver lo que hago y como si estuviese convencida de que no lo haré
sale al trote increíblemente rápido. —Cabezota.
Subo rápidamente al primer árbol que veo y practico mi agilidad para ir corriendo sin ser
visto saltando de árbol en árbol. He estado demasiado tiempo vetado y aunque no creo que haya
nadie aquí que pueda verme prefiero estar seguro de ello. Voy varios metros por detrás pero no la
pierdo de vista. Mojado es poco para cómo voy y me quito la camiseta para dejarla caer abajo en
la nieve.
En cuanto la camiseta roza el suelo ella se detiene en seco y mira hacia atrás. Vuelve tras sus
pasos y se para justo donde ha caído. Quizá debería decir algo pero prefiero observar. Se detiene
y mira más allá de la distancia. Me busca en forma de lobo, aúlla en tono bajo y algo se remueve
dentro de mí. Mi corazón late más rápido. La veo volver a su forma humana y quedarse quieta.
—Axel… —Coge la prenda del suelo y se la acerca. —¿Dónde se ha metido este ahora?
Todo pasa muy rápido ante mis incrédulos ojos. Tres vampiros salen de la nada acorralándola.
El primero de ellos le propina una fuerte patada en el costado impidiendo su rápida
transformación. Me dejo caer del árbol y aunque no debería dejo que salga el lobo que llevo
dentro. Más alto que ella, más alto que mi hermano, más grande que cualquier otro lobo que haya
visto. Todo de color negro y los ojos verdes. Al verme los vampiros se ponen tensos. Juraría que
si han oído hablar de mí ha sido de gente que ha salido del pie de la montaña vivo por los pelos.
La cosa acaba rápido porque sólo salen corriendo. Me preocuparía de salir tras ellos para no
dejar ni a un solo de esos chupasangres vivo, pero me detengo a verme reflejado en los grandes y
desconcertados ojos de Enma.
Me estudia sin levantarse de la nieve. Me pregunto qué pasa por su cabeza en este momento.
Vuelvo a mi forma humana sin dejar de mirarla. Parece haberse quedado muda, pero la forma en
que me escruta es extraña. Se levanta y viene hasta mí para pegarme una bofetada que hace que
resuene en todo el bosque. No es que sienta en especial dolor, pero su cara expresa disgusto,
como si cayera en que no debería haber confiado en mí. Quizá Shaun tuviera razón y no debo
transformarme bajo ningún concepto delante de alguien.
—¿Por qué no me lo dijiste? —La miro sin entender a que se refiere. Pasea de un lado a otro
como quien piensa en cómo actuar a continuación. —Déjalo. No quiero saber nada. No entraré en
ningún juego de Shaun. —¿De qué habla?
—¿De qué demonios me estás hablando? ¿Por qué me pegas? ¿Qué juego tiene Shaun contigo?
— Digo histérico.
—Tú sabes muy bien los planes que tiene para mí. —Aventura.
—¿Sabes lo de casarte con Dereck? —Sólo puede ser eso y me pregunto en qué momento de
la pelea ha podido caer en eso.
—¿Cómo dices? ¿Quién te crees que se va a casar con Dereck? ¡Porque yo no lo haré! —
Ahora sí que está fuera de sí. Entra en cólera y grita sin miedo a que cualquier habitante en mil
kilómetros nos oiga. —¡Yo no me voy a casar con nadie! ¡Y menos con cualquiera de los hijos del
alfa sabio! —Eso me incluye y me siento molesto aunque no debería. —Eres un atrevido. No sé de
qué se trata ese plan o ese invento mejor dicho, pero no te pegaba por eso. —¿Ah no? —Te pego
porque estás aquí, siguiéndome, desapareciendo por no querer transformarte en lobo y cuando por
fin te dignas a hacerlo resulta que eres…
La beso. La beso para que no termine esa frase por si lo que va a decir no me gusta. Sigue mi
beso sin detenerme. Cuando me separo unos centímetros de ella, a pesar de que sus pupilas
dilatadas me dicen que está confusa, sólo sigue andando.
CAPÍTULO 11

Enma
Ni si quiera la nieve me parece ya tan espesa. Sólo puedo pensar mientras camino en el beso
que me acaba de dar Axel. Por un momento pienso en preguntarle por qué su respuesta siempre es
besarme, pero, absurdamente, tengo miedo de que deje de hacerlo. Mi mente me pega un golpe
recordándome que no es oro todo lo que reluce y que él me miente constantemente sin pudor.
¿Cuál es el plan en todo esto? ¿Por qué él se oculta? Me evado pensando en su forma negra, con
esa envergadura imposible y sus ojos verdes. Aunque le pregunte no me va a decir la verdad. Mi
determinación aumenta, tengo que llegar al oráculo y ahí él no va a tener más remedio que aceptar
quién es y decirme la verdad.
—¿Por qué los vampiros huyeron de esa forma? —Le interrogo sin girarme.
—Suelo estar al pie de la montaña asegurándome de que no entren. —No parece una mentira,
pero quién sabe. —¿Qué vas a preguntarle exactamente al oráculo? —Dice una voz cansada.
—Dudas que tengo. —Suspiro fuertemente.
—¿Sobre qué? —Sigue sin darme tregua para recomponerme de mi propio malestar.
—Sobre todo. —Una lágrima cae por mi mejilla e intento contenerla y limpiarla con el dorso
de la mano. —Puede que lo esté haciendo todo mal para mis hermanas, para mi clan.
—Yo no creo que lo estés haciendo todo mal. —Asegura.
—¿Y cómo ibas a saber tú cómo hago las cosas si hasta hace tres días no me conocías? —Le
grito. —Debería volver y entregarle mi vida a Till. Contra él no intentarían ningún plan absurdos
de esos. Además mi relación con mis hermanas sería mejor. No tendría que estar todo el día
preocupándome de que los demás vean y acepten mi posición. Le convencería de que ayudásemos
a Fátima en el caso de que Abdulaye le pasara algo… ¿Para qué tanto sacrificio? —No me dado
cuenta en el momento que he empezado mi soliloquio en voz alta.
—¿Quién es Till? —Se para en seco y sólo me observa. No le contesto porque ni si quiera yo
sé responder a esa pregunta.
Pasando la montaña e introducidos en el bosque de las hadas empiezo a oír un tintineo. Me
pregunto si será posible que las hadas que están custodiando el oráculo estén tan lejos de él. Las
flores se abren y cierran a nuestro paso. El bosque parece tener vida propia. Algunos aventureros
que han hecho exploraciones dicen que hay un momento en el que empiezas a oír susurros que te
advierten de que debes volver a casa, que continuar es peligroso.
—El miedo de descubrir tu destino será más fuerte que tu incertidumbre —Grita una voz
melodiosa dentro de mi cabeza. —Da la vuelta. —Insiste.
Miro a un lado y a otro. Cruzo la mirada con Axel y, aunque no decimos nada ninguno de los
dos, sé por su inescrutable mirada y su rictus serio que en su cabeza también ha debido de sonar
algo. Me pregunto el qué, parece que nada le afectara.
Seguimos caminando con esfuerzo por el bosque, parece que está cuesta arriba y, por alguna
estúpida razón, aunque somos lobos, vamos con forma de humanos. Un tintineo de una luz
parpadeante. Un revoloteo bajo, casi imperceptible del batir de unas diminutas alas. ¿Cuántas
hadas habrá agazapadas mirando con desconfianza nuestro largo camino? Intento no pensar en
ello. Cuando por fin se eleva ante nosotros el gran templo blanco del Oráculo dudo por un instante
de estar haciendo lo correcto. En su puerta miles de diminutas hadas nos observan. Sus caras,
lejos de ser amigables, son feroces y expresan disgusto por la intrusión.
—No se aceptan mirones. Lobos. —Dice una que parece llevar la voz cantante. Aunque por
tamaño pareciera que me la puedo comer en mi forma lobuna, su fuerza es impresionante. —Oh,
veo dentro de vuestros corazones. —Eso no me gusta nada. —Tenéis preguntas reales que queréis
resolver y estáis dispuestos a pagar el precio que os pueda solicitar el oráculo… Bien. —Apunta
con un dedo a cada uno de nosotros. —Pero no podéis pasar juntos.
—¿Por qué no? —Aventura amenazadoramente Axel con su voz grave.
—Porque el oráculo no puede responder a las inquietudes de una persona habiendo otra en la
sala. Puede confundir los sentimientos que lee… —Arrastra la voz como quien dice un acertijo.
Es sensual, melodiosa y con un cariz de engaño. —¿Quién pasará primero? —Le miro y me mira.
—Os veréis al salir… —Entro dando un paso hacia delante mientras que las hadas me dejan
pasar. —O no… —Eso último lo oigo cuando ya estoy dentro del edificio de frío mármol y sus
grandes puertas se cierran a cal y canto.
La habitación está completamente vacía. Nunca se me ha ocurrido pensar en la forma que tiene
el oráculo. Espero pacientemente pero alerta a que suceda algo. Del fondo de la sala sale una
pequeña luz. Me acerco paso a paso, lentamente esperando a que la figura de luz tenga algún
sentido. Tiene forma humana. Lleno de luz violácea, se sienta en un trono de humo.
—Cuántas dudas albergas en tu interior… —Dice con la voz fina y arrastrada. —Pero yo no
puedo responder a todas ellas… —Se lleva una mano a la barbilla como si estuviera pensando. —
Sólo tres contestaré, pero, elige bien, porque de cada respuesta te surgirán más preguntas y, la
tentación puede hacer que se te olvide preguntar lo que venías a buscar.
—De acuerdo. —Agradezco mentalmente la advertencia y medito sobre qué es más importante
saber. —¿Abdulaye se salvará evitando que los otros alfas vayan a por mi clan por Fátima?
—Mmm… —Sonríe. No me gusta esa posición, qué estará viendo en el futuro o en mí. —Se
salvará y los otros no tendrán que ir contra ti…por este motivo. —Ahí está el crearme más
preguntas. Ya me lo advirtió, pero tengo que priorizar otras cosas. Tengo que saber sobre la
seguridad de mi clan…Sobre Axel… ¿Pero qué tengo saber?
—¿Qué tengo que hacer para que mi clan y mis hermanas estén a salvo? —Pregunto respirando
hondo.
—Casarte. —Llevo una mano a mi pecho sintiendo que me han dado una puñalada fuerte.
Perder mi poder de Alfa. ¿Por qué? ¿Para qué entonces he luchado para mantenerme ahí tanto
tiempo? ¿Para cederle mi puesto a Till? Eso me lleva a la última pregunta. Necesito saber sobre
Axel, sobre su gran transformación, sobre por qué sueño con el libro de la jerarquía de su familia,
sobre sus ojos verdes igualitos que los de su padre. Sobre el secretismo que le envuelve, sobre
por qué sus besos me hacen latir de forma irregular. Aún así, quizá esas respuestas las puedo
encontrar sólo estando cerca de él. Sé que la manipulación del oráculo ha hecho mella en mi
decisión de qué preguntar.
—¿Tengo que casarme con Till? —Sonríe de nuevo. Como si hubiera caído exactamente en lo
que el oráculo sabía que iba a preguntar. Pero tengo desasosiego dentro de mí. Por muy bueno que
sea Till.
—No. —Se ríe en alto. —Espero haber solucionado tus dudas y, como me siento generosa, te
diré algo más….Sólo un alfa puede salvarte…
Desaparece y sólo una opción aparece en mi mente. Abdulaye me debe su vida. Debe casarse
conmigo.
CAPÍTULO 12

Axel
Hace ya un buen rato que Enma ha entrado allí y las hadas que tengo alrededor lo único que
hacen es reírse maliciosamente de vez en cuando. Me pregunto en qué momento de mi genialidad
he accedido a acompañarla, transformarme, dejarla entrar ahí sola y preocuparme. Doy vueltas
sobre mis propios pasos esperando.
—Ya puedes pasar, lobo. —Me quitan la verja invisible pero inquebrantable de delante y me
hacen un gesto para que pase. La habitación blanca está solitaria. ¿Por dónde ha salido Enma?
Miro hacia un lado y hacia el otro buscando el maldito oráculo.
—Que apuesto hombre… —Una mujer de textura y halo vaporosa aparece ante mí. —No
ansias saber gran cosa, qué curioso.
—¿Y qué debería querer saber? —Pregunto sin mucha convicción. Yo he venido a
acompañarla aunque, quizá, podría hacer alguna pregunta ya que arriesgo mi vida con el viajecito.
—¿Es esa tu primera pregunta, lobo? —Ladea la cabeza con una sonrisa nada convincente. —
Sólo tres te concederé.
—Sí. —Contesto escuetamente mientras que mi mente aturdida no deja de trabajar.
—Si la verdad quieres hallar, sobre tu origen has de preguntar. —Dice calmadamente. ¿Sobre
mi origen?
—¿Soy hijo del alfa sabio? —Esa cuestión sale de mí antes de poder meditarla, quizá porque
es algo que siempre he tenido dentro de mí. Siempre excluido por mi hermano Shaun, siempre
sólo.
—Lo eres, Axel. —Diría que he visto algo de ternura en sus ojos cuando me respondía. No
sabía que podía darle pena a un oráculo. Creía que carecían de sentimientos, siempre entregados a
la visión del futuro. A retorcer las verdades. Su cara se queda pétrea por un instante y luego
sonríe. Algo recorre mi espalda con fuertes pinchazos y tengo que mantenerme rígido para evitar
el dolor. ¿Qué ha sido eso? Es la sonrisa más malévola que he visto en la vida. Puedo ver a través
de ella la maldad y diversión concentrada. —Qué inesperado giro de los acontecimientos…. Qué
difícil decisión…. —¿De qué habla? —Si seguimos charlando posiblemente llegues a saber la
verdad que, aunque no lo sepas, has venido a buscar. —¿Y eso es malo? —Pero he de decirte un
pequeño detalle. —Entrecierra su dedo índice y pulgar en señal de la nimiedad que va a contarme.
—Enma está escondida en el agua en este momento, desangrándose. —¿Qué? Mi corazón empieza
a latir aceleradamente. —Debió salir por la puerta equivocada. Tic, tac, su vida desapareciendo
por el sumidero…
—¿A qué juegas? —¿Es esto alguna clase de trampa? Observo la habitación con todas sus
puertas cerradas a cal y canto. ¿Por cuál salir? Hay tantas…
—Si esperas el tiempo suficiente para que su corazón deje de latir te daré la respuesta a la
pregunta que deberías hacer pero nunca formularás. Sabrás por qué siempre has sido tan diferente,
por qué has estado tan solo… —Una pausa dramática. —Si no, siempre puedes usar tu última
pregunta para saber dónde está…—Voy a contestar cuando eleva un dedo en señal de silencio. —
No significa que vayas a llegar a tiempo, pero sí que jamás responderé a tus dudas aunque
vuelvas…
—¿Dónde está Enma? —Sorprendida de mi pronta decisión parpadea dos veces. Me escruta
como si fuera el espécimen más raro que ha visto en su larga e incalculable existencia con los ojos
entrecerrados. Estoy acostumbrado a ese tipo de efecto.
Como única respuesta se abre una pequeña puerta por la que entra una fina línea de luz. Me
transformo y corro todo lo rápido que puedo. Las montañas parecen todas iguales. Intento agudizar
mi olfato pero la nieve lo cubre todo. Hay rastros de muchos seres por aquí, parece que toda clase
de gente viene a visitar el oráculo. ¿Se habrá encontrado con vampiros? En algunos puntos el hielo
está roto y me detengo un poco más de tiempo a acercarme al agua totalmente congelada donde
puede estar escondida. “No significa que vayas a llegar a tiempo…”, la voz del oráculo resuena
una y otra vez en mi cabeza. Peino toda la zona y avanzo. Montaña, nieve, lago…El bosque es
enorme. Intento olvidarme de los latidos de mi propio corazón y fundirme con el sonido de la
naturaleza. Un latido leve llega hasta mis oídos y corro todo lo rápido que me permiten mis cuatro
patas. Una mata de pelo rojiza destaca en el agua. Mi forma humana salta al agua, está totalmente
helada. Su cuerpo parece tan pequeño…
—Axel… —Su voz es débil. —Ellos quieren matarte. —Mi mano recorre su cara pálida y la
cargo sobre mi hombro. —Ellos te quieren a ti…— Repite antes de caer inconsciente.
—Que vengan. —Respondo aunque ni si quiera sé a quién se refiere. Sólo sé una cosa, mataré
a todo el que tenga intención de hacerle daño, por encima de mi propio bienestar. —Tú eres mía.
Le susurro aún cuando sé que no me oye.
Es arriesgado, pero es el único sitio donde vamos a pasar totalmente inadvertidos con todo lo
que necesite hasta que se recupere. Llegamos hasta la mansión de mi familia. Me escondo de
cualquiera que pasa e intento llegar hasta mi cuarto sin ser visto. Oigo la voz de mi hermano en
algún punto del pasillo. Si la pilla aquí nos mata a los dos. Está histérico, nada más que se oyen
gritos. Me pregunto qué ha pasado para que esté así en mi corta ausencia. Luego intentaré
enterarme. Consigo colarme por la escalera de la biblioteca un segundo antes de que pase mi
hermano Dereck por delante. Se detiene un instante, quizá huela a alguien que no reconoce.
—¿Axel, estás ahí? —Dejo a Enma sobre la cama esperando que no baje a mirar.
—Sí. —Es una respuesta corta, escueta y que espero que diga claramente que no quiero
compañía. Parece que lo entiende. Respiro.
Cambiarla de ropa no es tan fácil como había creído a pesar de que se encuentra inconsciente.
Siento que estoy invadiendo su intimidad y, lo peor, es que no puedo dejar de mirar su cuerpo y
sus curvas con deseo.
CAPÍTULO 13

Cat
Hace dos lunas que mi hermana se fue a buscar respuestas. ¿Qué significa eso exactamente?
No es que me moleste que haga un poco su vida, pero el tío Xiam a cada minuto que pasa de su
ausencia ensancha un poco más su sonrisa. Como si pensara que ya no va a volver. Abdulaye ha
despertado y he tenido que convencerle de que mi hermana se ha desvivido por su cuidado y, ante
todo, por el de su hija. Se siente muy agradecido con nosotros y, aunque tiene que volver a sus
tierras para explicar lo sucedido, está en deuda con el clan y quiere despedirse personalmente de
Enma.
Intento mantener la calma para que nadie sospeche que tengo un mal presentimiento, decido
salir de la mansión e ir a buscar respuestas. Divago sin rumbo fijo por el bosque, esperando hallar
un olor, un rastro, una huella… A medio camino oigo pasos firmes y decididos y me pregunto
quién y por qué está tan cerca de nuestras tierras.
—Estoy seguro de que venía de allí, el olor que desprendía era tan reconocible… —Es
Dereck, el hermano mediano de los hijos del alfa sabio. A veces hemos ido a rondarle mis dos
hermanas y yo, pero más por ellas que por mí, es tan cauto, mediador, y yo tan loca y espontánea
que nuestras personalidades no casan en nada. —Olía a las hermanas del alfa maldito, sé que era
ese el olor que había en el cuarto y quiero comprobar si al idiota de mi hermano se le ha ocurrido
hacer algo contra ellos y estamos en una guerra inminente o qué es lo que pasa.
—¡Pues claro que vas a tener una guerra inminente! —Grito saliendo de mi escondite. Los
ojos tranquilos de Dereck me miran atravesándome. Creo vislumbrar un pequeño destello de
sorpresa en sus ojos. —¿Qué le habéis hecho a mi hermana? ¿Todo esto es alguna clase de pacto
con el creído de Xiam? —No dice nada. Al chico joven que iba con él lo despacha con una
mirada para que nos deje solos. —¡Habla! —Le empujo con toda la fuerza que tengo para que me
responda.
—Que yo sepa no le hemos hecho nada. —Responde serenamente
—¿Qué tú sepas? —Le vuelvo a empujar y a pesar de que no le muevo ni un milímetro me
pregunto si estará viendo que hablo enserio.
—Olía a ella cerca de mi mansión y salí a investigar, sin más. —Medita unos instantes algo en
su cabeza. —Pero aquí se pierde el rastro, o se confunde con el tuyo, así que me vuelvo a mi casa.
—Gira sobre sus talones dejándome ahí, sola, atacada de los nervios.
—Y yo iré contigo. —Sentencio.
Le sigo de cerca a pesar de que no intenta distanciarse. Es tan calmado que no es capaz ni de
preguntarme qué hago siguiéndole de esta forma. Al llegar a la reja de su casa decide dar la vuelta
a toda la mansión y yo, detrás. De repente, mis fosas nasales se dilatan y sé a ciencia cierta que mi
hermana está o ha estado allí. El se detiene y me mira.
—Está aquí. —Dice sin perder mis ojos de los suyos. —Pero yo no lo sabía.
—Como tu hermano Shaun le haya hecho algo, le voy a matar. —Me coge de la cintura y me
tapa la boca con una mano. Su respiración no se agita y los latidos de su corazón no se aceleran.
Me pregunto si ha sido mala idea eso de salir sola. Debería habérselo dicho a Till. Me habría
acompañado encantado porque no hace más que pasearse por la entrada de la mansión para estar
pendiente de la llegada de mi hermana y fingir que está ahí por casualidad. A veces cuestiono la
decisión de Enma de no estar con él, podría vivir su vida, como hago yo…Sin problemas y
haciendo exactamente lo que quiero hacer. ¿Qué habría hecho yo si me hubiera tocado su papel?
No me veo preocupándome por todo el mundo, siendo firme, dejando mi vida para desvivirme por
la de los demás… Aún así y aunque estoy bajo su control como si fuera mi padre, la quiero. ¿Y si
me hace algo malo Dereck? Repaso en mi mente si alguien me vio salir. Till lo hizo aunque fuera
de reojo.
—No te voy a hacer nada. —Susurra en mi oído sin soltarme. —Pero si no te oye toda la
manada amenazar a su líder, mejor. Sígueme.
Entramos a la mansión y aunque deberían sentir que es extraño que esté yo sola aquí sin mis
dos hermanas de la misma edad, no hacen ni dicen nada. Dereck aporta seguridad en lo que hace.
Voy siguiéndole y se detiene a la altura de unas escaleras bajas. Comienza a bajar cuando una
forma de igual envergadura nos corta el paso.
—¿Qué haces Dereck? —No sé quién es, pero la gran envergadura le mira seriamente.
—Déjanos pasar, Axel. —¿Este es el hermano pequeño, no? —Sabemos que está ahí abajo. —
Se echa a un lado dejándola pasar sólo a ella. —¿Qué le has hecho?
—¿Qué te hace suponer que le he hecho algo? —Oigo que le pregunta él con la voz fría. No
tiene ninguna intención de dejarle pasar. —Vete, Dereck. No eres bienvenido aquí abajo.
No me espero a seguir escuchándolos y entro hasta el fondo de la habitación. Mi hermana está
plácidamente dormida en la cama. Me pregunto cómo es que ha llegado hasta ahí. No parece que
esté maltratada en ningún sentido. Axel aparece detrás de mí sin decir nada. Se sienta en una
butaca que hay en la esquina.
—¿Qué le ha pasado? —Por alguna extraña razón no creo que él haya tenido nada que ver en
que ella esté tan débil. —¿Quién le ha hecho esto?
—No lo sé. —Sentencia mirándome como si pensara que le voy a rebatir dicha información.
—Estaba sumergida en el hielo cuando la encontré.
Le miro y le creo. Dereck ha bajado para asegurarse de que no ha pasado nada y oye también
la información a pesar de que él le había prohibido bajar. Por un instante los tres nos quedamos en
silencio sopesando quién ha podido ser el enemigo.
CAPÍTULO 14
Enma
Siento los parpados cansados. La habitación está en penumbra y me pregunto cómo he llegado
hasta aquí. Recuerdo que salí del oráculo aturdida por lo que acaba de escuchar. Casarme. Con un
alfa. ¿Cómo iba a decirle a Abdulaye que el precio por salvarle la vida era unirse a mí? ¿Podía si
quiera convencerle para ello? Oí unos extraños pasos, rápidos, casi galopando, parecía una
persecución. Me pregunté si era efecto de las hadas, si era eso lo que hacía que la gente perdiese
la vida, que te volvías paranoico. Seguí andando intentando concentrarme en llegar de nuevo a mi
mansión. Por un momento incluso me olvidé de Axel. Quizá era él el que me seguía. De repente
alguien tapó mi boca y golpeó mis costillas. No veía nada mientras al menos dos personas
intentaban deshacerse de mí. Sus fragancias eran familiares para mis fosas nasales. Casi podría
decir con exactitud dónde había sentido antes esa sensación, pero toda mi claridad quedó borrosa
por una última patada. Una fuerte en el cuello que me hizo caer al frío hielo. A pesar de estar
muriéndome, sólo pensaba en descubrir quiénes eran mis atacantes.
—Necesitamos a Axel, es a él a quien queremos muerto. —Dice una voz conocida y
claramente alterada.
—¿Y ella? —Le contesta otro casi con lástima.
—Es un daño colateral. —Dice sin más. —Necesitamos a Axel, muévete.
Me pregunto qué ha hecho Axel para que le estén siguiendo para matarle. ¿He sido realmente
un daño colateral? No se merece morir o al menos, yo no lo creo. Aunque intento impulsarme
hacia arriba me siento de repente muy cansada. ¿Por qué nunca puedo salvar a las personas que
quiero? ¿Tan insignificante soy? ¿Significa eso que quiero de algún modo a Axel? Tengo que salir.
No puedo morir así. Unos brazos fuertes me cogen y me sacan del agua.
Reconozco la mandíbula cuadrada de Axel y en sus ojos veo clara preocupación. Yo me siento
aliviada. Sigue vivo. Quizá su gran forma lobuna le ha salvado de una muerte inminente. Necesito
ponerle en aviso, que este atento. Absurdamente ahora mi prioridad, mientras veo como se escapa
mi vida ante mis ojos es advertirle del peligro que corre.
—Axel… —Apenas sale mi voz del cuerpo. —Ellos quieren matarte. —Recorre con su mano
firme mi cara y me pregunto por qué ha tardado tanto en tocarme con esos dedos. —Ellos te
quieren a ti…— Le repito mientras que un gran sueño me lleva
—Que vengan —Oigo en mi subconsciente que dice una voz firme y gutural.
Recordar todo eso sólo hace que me sienta más mareada y confusa. Tres pares de ojos me
miran con inquietud mientras intento incorporarme en la cama. Axel, Dereck y Cat. ¡Cat! ¿Qué
puede estar haciendo ella aquí? ¿Nos han invadido?
—¿Qué te ha pasado? —Ella, tan valiente y extrovertida parece tener miedo. Es como si
pensase que si han sido capaces de anularme a mí, no hay nada que ella pueda hacer para
protegerse.
—Han intentado matarme. —Ella se lleva una mano a la boca y pasea sus ojos por los
integrantes de la habitación. —Pero no me querían a mí. —Repito sacando fuerzas de donde no las
tengo. —Lo querían a él. —Señalo a Axel y puedo ver en la mirada de Dereck consternación. —
Imagino que me pillaría en el camino y pensaron que nadie más iría por él.
—¿Por qué piensas que iban a por él? —Dereck siempre con esa tranquilidad que le
conocido.
—Los oí. —Suspiro fuertemente para intentar colocar mis doloridas costillas. Por suerte la
aceleración de un lobo es muy rápida. Si fuese una humana estaría muerta. —Lo dijeron
claramente, necesitaban a Axel muerto y yo sólo era un daño colateral.
—¿Axel? —Pregunta Cat sin agresión, como si esperara que él tuviera la respuesta que,
evidentemente, no tiene. Axel me mira, sentado en la butaca de la esquina con una intensidad en la
mirada que hace que se me encoja el corazón. No está hablando pero siento que me dice que todo
va a estar bien. Es casi como si pudiera asegurarme que nada va a pasarme mientras él esté aquí
abajo. —¿Tienes idea de por qué?
—No. —Sentencia sin dejar que mis latidos vuelvan a su ritmo habitual. —Yo no le he hecho
nada a nadie. Excepto a los vampiros…Como todos.
—No eran vampiros. —Esa afirmación vuelve a llamar la atención de todos. Sé que no suena
lógico, pero estoy cien por cien segura de que, al menos uno de ellos no estaba muerto. Olí su
sangre y oí sus latidos.
Como si de repente estuviera totalmente recuperada un pensamiento invade mi cabeza y me
hace incorporarme de golpe.
—¿Qué pasa? —A Cat se le van a salir los ojos de las órbitas del susto que se ha pegado.
—Abdulaye. —Intento buscar mis zapatillas sin éxito.
—Está bien. —Responde mi hermana como si eso me fuera a tranquilizar.
—Eso ya lo sé. —No menciono que fue el oráculo quien me lo dijo. — Pero no puede irse. —
Sigo buscando por la dichosa habitación mis cosas ante los ojos desorientados de mis custodios.
—No sin que hable con él.
—Dijo que te esperaría para despedirse. —Mi hermana retuerce un poco sus manos en señal
de nerviosismo. —Pero quería partir hoy, así que no sé si estarás en condiciones a tiempo.
—¡No puede irse! —Dereck que parece el más sensato me pone dos manos sobre los hombros
para que me tranquilice. —Tengo que hablar con él. ¡Me debe la vida! —No me gusta tener que
usar esa baza pero el oráculo me dijo que necesito un alfa para salvar a mi clan, y él, me lo debe.
—Tengo que pedirle que se case conmigo.
CAPÍTULO 15

Axel
—¡No puede irse! —Mi hermano intenta tranquilizarla tras la noticia de que su invitado está a
punto de irse. —Tengo que hablar con él. ¡Me debe la vida! —No es que me conste que le hay
estado haciendo mucho caso —Tengo que pedirle que se case conmigo.
La miro como si se hubiera vuelto loca. Porque tiene que haberse dado un golpe muy fuerte en
la cabeza para estar diciendo eso.
—¿Qué? —Dice su hermana histérica buscando con sus ojos a Dereck o a mí como aliados. —
Creo que has sentido miedo con lo que te ha pasado, pero todos estamos bien, no veo porque
tendrías que…
—Tú no lo entiendes…. —Se viste y me pregunto qué es lo que le dijo exactamente el
oráculo, porque yo sé perfectamente que en el transcurso de nuestro viaje no comentó en ningún
momento que quisiese que despertase para casarse con él. Una voz maligna en mi cabeza me dice
que quizá si lo hubiera dicho me hubiera asegurado de que no se recuperase.
—¿Y qué te hace pensar que va a querer casarse contigo? —Le digo de pronto. La ataco
porque es lo único que puedo hacer en este momento.
—A mí me da igual lo que quiera hacer o no, me debe la vida. Tiene que rendir cuentas por el
nombre de su clan. —Dice como si de repente su cabeza funcionase de manera fría y calculadora.
—¿Le quitarías el puesto de alfa a Fátima en el futuro? —Cat hace que reaccione por un
instante y piense en las criaturas que, odiosa y posiblemente, tendrían.
—No tenemos por qué tener descendencia. —Su soliloquio pierde fuerza. —Le estoy
entregando el doble de poder. —Pierde efecto de convicción, pero, aún así, se termina de calzar y
se encamina hacia la escalera.
Cat la sigue de cerca y, aunque no debería, las sigo. Me sorprende que no se pare a decirme
que no es asunto mío y que no debo acercarme tanto a su mansión. A pesar de que la gente no me
conoce, mi hermano Dereck por alguna extraña razón, nos acompaña también y, a él, si lo conocen.
Cuando llegamos hasta las rejas de la mansión mi corazón late de forma irregular. Me pregunto
si puedo hacer algo para que no haga lo que va a hacer. Siento ganas de transformarme y destrozar
todo lo que pilla a mi paso. Ni si quiera ha tenido en cuenta al tal Till ese. Dereck habla algo con
Cat en su parsimonia habitual. Aprovecho para coger a Enma del codo y, acercándola a mí,
susurrarle al oído.
—No te dejes llevar por las palabras del oráculo. —Por primera vez en mi vida siento miedo
al hablar, como si mi vida se escapase de mis manos. —Sabes que puede traicionarte. Él cuenta
con visiones que no te muestra. Lo que te dice puede ser confuso.
—No había nada confuso en lo que dijo. —A regañadientes me contesta instándome con
movimientos a que la suelte. No quiero hacerlo. —Tuvo la amabilidad de responderme con un
detalle extra. Quería ayudarme.
—¿Por qué iba a querer el oráculo ayudarte? No te conoce de nada. Todo el mundo sabe que
quien lo visita acaba mal porque se vuelve loco. —No me hace caso y consigue soltarse de mi
agarre. —Pensé que serías más inteligente. —La furia me hace daño en la garganta. —Renuncié a
saber mi verdad por salvarte la vida.
Esa última afirmación hace que se detenga en seco. Me mira. Sus largos cabellos rojos
enmarcan su cara confusa y delicada. Por una milésima de segundo espero a que haga algo, diga
algo o cambie de opinión. Pero no lo hace.
—Adiós Axel. —Es lo último que dice antes de girarse y entrar.
Las verjas se cierran al paso de las dos hermanas y siento la impotencia en mi cuerpo. La
sensación es peor que cuando me prohibieron transformarme. ¿Por qué tuve que conocerla en esa
fiesta? ¿Por qué tenía que atraerme su gran cascada pelirroja? ¿Para qué la ayude y esperé varias
veces en la montaña? Para nada.
Dereck camina a mi lado de vuelta a casa y me cuestiono por un segundo cómo es que se ha
metido en todo esto conmigo.
—Ella dijo que querían matarte. —Eso es lo que menos me preocupa en este momento pero él
parece pensativo. —¿Quién querría matarte, Axel? A penas te mueves en la sociedad. Mucha gente
ni si quiera sabe tu aspecto.
—Es cierto. —Medito sobre esa gran verdad mientras seguimos nuestro camino. —Quizá ella
sólo estaba desvariando. Estaba casi muerta cuando la encontré. —Sentencio.
—No lo creo, estaba muy convencida. —Dereck sigue discurriendo en su mente, como si algo
en todo esto no le acabase de cuadrar en su esquema. Es una persona metódica y tranquila. No se
deja llevar por impulsos, como yo. —¿Crees que lo hará?
—¿El qué? —Pregunto sin saber por qué después de tantos años podemos tener una
conversación como si fuéramos hermanos normales. Como si él no hubiera estado a la sombra de
Shaun y a mí no se me hubiera excluido. Siempre le guardé rencor, muy dentro de mi corazón, por
no hacer nada por mí. Se me prohibió transformarme, se me exilió a la montaña a pelear con
vampiros y él nunca pregunto si quiera el por qué.
—Casarse con Abdulaye. —Se para en seco para escudriñar mi reacción que mantengo
inescrutable. —No tenía conocimiento de que buscara esposo. Y Shaun, menos. Me consta que
ella le rechazó hace un par de años. Por eso la odia. —Que me confiese esto en alto, como si
hubiésemos llegado a alguna clase de complicidad entre hermanos, como si ya no fuese tan
importante su relación con Shaun.
—No va a casarse con él. —Digo con una convicción repentina que me grita una voz gutural
en forma de lobo muy dentro de mí.
CAPÍTULO 16

Enma
Llego a la mansión y me cuesta despedirme de Axel. Es absurdo puesto que apenas lo conozco
unos días, pero es cierto que ha hecho mucho por mí en este tiempo. “Pensé que serías más
inteligente. Renuncié a saber mi verdad por salvarte la vida.” Sus palabras resuenan en mi cabeza
y tocan más de lo que me gustaría mi corazón.
Mis múltiples hermanas se alegran de mi llegada. Cat se mantiene callada y agradezco que
esté dispuesta a seguir la versión que yo quiera dar. Me sorprendió tanto que viniera a por mí…Es
tan valiente y decidida…
En la esquina del comedor está mi tío Xiam, me mira sin ningún gesto de agrado en su rostro.
Es como si quisiera que jamás hubiera aparecido. Por un instante llego a plantearme si el ataque
repentito pudo haber sido cosa suya. Pero no lo creo, reconocería su olor en cualquier parte y,
aunque era un olor familiar, no era el suyo. No sé identificar de donde me suena. Till llega hasta
mí antes de que mis pensamientos lleguen a un puerto sano y se abalanza para abrazarme. Es un
abrazo sincero y cálido que sabe a amor. Un amor que no merezco… Le miro. Admiro su belleza y
determinación. Siempre ha estado a mi lado para ayudarme a que mi jerarquía y mi mandato fueran
algo más fáciles, pero tuvo que enamorarse de mí y yo…No siento lo mismo. No va a entenderme.
Sé que se sentirá dolido, pero es lo que dijo el oráculo, necesito un alfa y, por desgracia, aunque
lo aprecio, él no lo es. Dudo en si debo contárselo antes que al mismo Abdulaye, pero acabo
considerando que eso es adelantar acontecimientos.
Subo a la habitación de mi invitado. Está calmadamente sobre la cama mirando por la ventana
como si alguna clase de místico ser le estuviera dando a través del paisaje todas las respuestas
que necesita.
—Gracias por salvarme la vida. —Nuestros ojos se cruzan en una gran conversación sin
palabras. —Fátima no está preparada para estar sola…Has sido tan generosa… —Se levanta
poniéndose a mi altura, cogiendo mis manos entre las suyas. —Pídeme lo que quieras.
No sabe lo que ha dicho porque ni se imagina lo que me voy a atrever a pedirle. Necesito que
se case conmigo, que salve mi clan. Yo a cambio le daré trescientos cincuenta lobos que
protegerán el reinado de Fátima.
—Quiero que nos unamos y se unan nuestras manadas. —Lo suelto sin más. El sabe que no ha
sido amor a primera vista y no pretendo engañarlo sobre los motivos que me llevan a pedírselo.
—Lo sé y acepto. —De todas las respuestas que había imaginado, esta es la que jamás había
esperado.
—¿Qué quieres decir? —Intento mantener la calma porque, en algún punto egoísta de mi
corazón, había albergado que se negase rotundamente a mi proposición, cogiese sus cosas y
desapareciese. Porque, así, yo sabría que no existe nada que yo pueda hacer para salvar a mi clan.
Pero no. Ha dicho que lo hará sin problema.
—El oráculo me ha hablado en sueños. —Eso llama totalmente mi atención y contengo la
respiración para escucharle. —Y sé que es mi deber aceptar unirme a ti. —Respira resignado.
—¿Para salvar a mi clan? —Sé que es buena persona, lo noto. Pero me extraña tanta
generosidad.
—Para salvar a mi hija. —La rotundidad que noto en su voz me aclaran que le ha costado
decirme que sí. Que no es algo que le guste. Ahora sí estamos más en sintonía con este
despropósito de unirnos. —El oráculo vino a mí cuando estaba enfermo. En mis sueños, donde
nadie más podía verla. Me dijo que si me negaba a contraer matrimonio mi hija jamás sería alfa.
Le pregunté si concebiríamos un varón y su respuesta fue negativa. —Oh, yo también pensé en lo
de la descendencia, pero sigo admirando lo buen padre que es. —Quise hacerle más preguntas,
pero no quiso contestarlas. —Mira al cielo como buscando algún tipo de respuesta. —Terminó
diciéndome que todo lo que hoy parecía carecer de sentido, algún día lo tendría. Por eso acepto,
no creo tener alternativa.
Nos quedamos en silencio como si todo estuviera dicho. Me pregunto si siempre he estado
destinada a ser infeliz, a hacer lo que es bueno para los demás sin importar mis sentimientos.
Quizá es verdad que quité la vida de mi hermano y tengo alguna clase de maldición en mí.
Grandes gritos llegan hasta nosotros y ambos nos ponemos en marcha con la energía y fuerza
que caracteriza a los alfas. “Vampiros” eso es lo que nos ha invadido. Oigo gritos de terror y otros
de lucha. Me pregunto por qué grandes hordas nos invaden, somos más, van a morir. En un abrir y
cerrar de ojos todos están saliendo despavoridos y la gente empieza a tranquilizarse pero sin dejar
de cuestionar qué es lo que ha ocurrido. Mis hermanas. Me preocupo por la salud de todas ellas.
Obligo a mi manada a buscarlas, reagruparlas y quedarme más tranquila pero algo carece de
sentido para mí.
—Se han tenido que llevar algo. —Grito en algo instando a la gente a rebuscar, a encontrar un
sentido a la ocupación inesperada y veloz que han hecho. Si quisieran derrotarnos ya sabían
cuantos éramos y lo que encontrarían dentro. Han tenido que estudiar muy bien el espacio y las
patrullas para poder acceder de esta forma.
—Se han llevado a Fátima. —Abdulaye se deja caer de rodillas en el centro de la habitación
con la mirada de derrota más grande que he visto en mi vida.
Todo el mundo posa sus rostros en mí, como si supieran lo que voy a decir, como si hubiera
más de uno que estuviera dispuesto a tirarse contra mi yugular. Sopeso las opciones y el latir
irregular de mi corazón ante el desasosiego de ese padre coraje. ¿Para qué quieren a Fátima los
vampiros? ¿Alguna clase de chantaje?
—Iremos a rescatarla. —Sentencio.
Una gran oleada de disgusto recorre en susurros mi manada.
CAPÍTULO 17

Axel
Me tiro en la cama justo al llegar a la mansión. No sé qué sentido tiene hacer nada cuando
nadie te comprende. Mi hermano Dereck, nada más entrar, ha sido llamado por Shaun y él, aunque
por un instante ha cruzado su mirada con la mía en forma de complicidad, ha acabado
arrastrándose a hablar con él para ver que se le ofrece al sumo alfa.
Mi mente discurre en la primera vez que vi a Enma, algo dentro de mí se movió de forma
inexplicable atrayéndome hacia ella, pero no sabía qué hacer o qué decirle. Luego Shaun me
recriminó que hubiera ido a la dichosa fiesta puesto que tengo prohibido mezclarme con la
sociedad. Nunca tuve interés alguno en contradecirle, pero ese día un impulso extraño me llevó a
ir. ¿Sería mi destino conocer a Enma?
Cojo el libro de mi jerarquía recordando cómo sus finos y largos dedos acariciaban las
páginas buscando alguna clase de misterio que no llegó a encontrar. Recuerdo que dijo que tenía
los ojos de mi padre. Es cierto, sólo yo, de entre todos sus hijos tiene esos ojos verdes. Los demás
tienen los ojos oscuros que tenía mi madre. Algo empieza a poner mis músculos tensos y mi
cabeza a trabajar pero no consigo saber qué.
Subo a hurtadillas a pesar de ser mi casa hasta la habitación de estrategia. Shaun grita como un
loco.
—¡No puede casarse con ese tipo! —Oigo que grita sin ningún pudor. Dereck ha debido
decirle lo de Enma. No considero que me traicione por ello, sé que se iban a enterar igual, pero no
creo que toda esa furia sea porque esté enamorado de ella.
—Cálmate hijo. —Mi padre debe estar tenso de ver la inestabilidad de su progenitor.
—Vosotros no lo entendéis. —Vocifera de nuevo. —Ella será mía aunque tenga que invadir
ese maldito clan y matar a Abdulaye Faissan.
—No sería sabio iniciar una guerra… —Mi padre intenta volver a hacer reflexionar al loco de
mi hermano.
—No veo por qué tanto interés en casarte con ella… —Dereck tiene una voz reflexiva y
dubitativa.
—No vas a casarte con ella. —Entro sin pensarlo en la habitación. Mi hermano Shaun y mi
padre me miran como si estuviera loco. Están sorprendidos con mi entrada. Dereck sólo asiente,
como si hubiera estado esperando mi intrusión durante toda la conversación.
—¿Y a ti qué se te ha perdido en esta historia? —No me gusta la forma en que me mira. Es
como si nunca hubiera esperado mi entrada en esta ni en ninguna otra conversación. —No creo
que tengas voz ni voto en esta historia. —Su odio hacia mí es palpable en el ambiente. Mi padre le
pone una mano en el hombro intentando retenerle. —¡Soy tu alfa! Me debes sumisión.
—Sumisión que no puedes imponerme. —Replico con una valentía desconocida. No voy a
tolerar su odio hacia Enma. —Es eso… —De repente lo entiendo todo, con alguna clase de
revelación inesperada. —Tú has intentado matarme…
Dereck mira hacia él esperando a que niegue todo, a que todo adquiera alguna clase de
sentido. Mi padre no sabe de qué hablamos pero me angustia el desvío que noto en su mirada,
como si su mente viajase lejos.
—¿Y si fuera así? —Sonríe. De todo lo que podía haber hecho para negarlo, ha elegido no
hacerlo.
—¿Por qué querrías matarlo? —Grita Dereck acercándose cada vez un poco más a mí.
—Porque soy el único hijo del alfa sabio, y él lo sabe. —Sentencio viéndolo todo claro. —Y
tú lo descubriste antes que él. —Señalo a mi padre con un nivel de odio hasta ahora desconocido.
—Lo sospechaba…—Dice sin poder mirarme.
—Pero tú cogiste ese libro. —Sigo enfrentándome a mi hermano Shaun. —El de la jerarquía.
Y viste que el primogénito siempre saca los ojos del padre. —Eso es lo que Enma buscaba. — Y
te diste cuenta de que sólo eras hijo de la misma madre.
—¡Yo no tengo la culpa de que fuera una puta! —Grita y oigo algún que otro gruñido bajo.
—Aún así te apoderaste del puesto de alfa. Pero cuando me transformé viste que era
demasiado grande, demasiado fuerte y que la gente se iba a preguntar por qué eras tan débil….Me
mandaste a la montaña esperando que me matasen….Pero el tiempo pasó y no conseguías
deshacerte de mí…Entonces mandaste a alguien a que me matara, pero Enma estaba allí…
Destrozando tus planes de nuevo. —La furia empieza a emanar de mí . —Porque querías casarte
con ella para ser un alfa de verdad, para anularla, para conseguir el poder que jamás tuviste. Ni
tendrás.
—Te mataré. —Sentencia y se transforma.
Me transformo yo también y tras ello, Dereck que se sitúa a mi lado. Ladeo al cabeza para
mirar a mi padre. Veo en sus ojos una gran pena. Quizá jamás quiso aceptar que sabía que su
esposa le era infiel... Pero dejarme a mi suerte…
Shaun tira la primera dentellada, pero su estatura es mucho menor que la mía. Tiene prisa por
morderme y sus pasos no son precisos. No tardo en cogerle por el cuello y lanzarlo contra una
pared. A pesar de poder hacerlo, no lo mato. Porque yo no soy así, porque me vale con su
destierro. Le aúllo. Me levanto sobre mis grandes y gruesas patas para intimidarle.
Oigo aullidos de respuesta de la manada. Sólo un alfa crea ese efecto. Me pregunto cómo he
tardado tiempo en darme cuenta. Esta es la verdad que quería hacerme ver el oráculo. ¡El oráculo!
Enma no puede casarse.
Salgo de la habitación dejando cualquier acto de pelea atrás y oigo muchos murmullos. Exijo
saber qué está pasando y me informan de que ha habido un ataque vampírico en casa de Enma. Mi
corazón deja de latir en ese mismo instante.
Con mi gran forma lobuna salgo de la mansión seguido de Dereck. Tengo que saber que está
bien. Tengo que saber por qué los vampiros han decidido meterse, de entre todas las manadas, con
la más numerosa…Algo no va bien.
CAPÍTULO 18

Enma
Elijo sólo a personas leales para esta misión. Abdulaye no para de agradecerme la decisión
que he tomado de rescatar a su hija y asegura que está dispuesto a hacer venir a toda su manada,
pero eso llamaría demasiado la atención. Mi cabeza, que no puede estarse quieta, intenta trabajar
en por qué han secuestrado a Fátima. Recuerdo vagamente al vampiro jefe que me observó. Su
ojos violáceos, su rostro blanquecino…Esa media sonrisa de haber encontrado justo lo que
necesitas. “Ella sí es” eso fue lo que dijo con los ojos posados en mí. ¿Qué soy yo?
Como si las piezas de un rompecabezas imposible encajaran, lo entiendo. Una alfa. Eso soy. Y
eso será Fátima cuando su padre fallezca.
—Todo el mundo protegiendo a Abdulaye. —Ordeno y él me mira consternado sin entender
nada mientras la manada se pone en forma defensiva con un núcleo que proteger. —Ellos te
quieren muerto. —Anuncio esperando que en cualquier momento hordas de vampiros se abalancen
sobre nosotros.
Nadie contradice mis órdenes a pesar de que no me entienden. Soy la alfa, ellos me deben
sumisión, pero sé que no todos están contentos con eso. Mi hermana Cat está asegurándose de que
mi tío Xiam no hace nada contra mí en mi ausencia.
Andamos despacio intentando ocultarnos en la naturaleza. Seguimos el rastro de los vampiros
más allá de nuestro perímetro en el pie de la montaña. Huele ácido, es un olor extraño que ellos
desprenden. Intentan taparlo con veneno porque confunden nuestro olfato, pero no creo que eso
nos pueda detener.
Unas rocas lejanas y oscuras nos hacen detenernos. Nos dividimos mitad y mitad para abordar
ambos flancos. Por el centro sólo nos quedamos Till, Abdulaye y yo. Aún no he tenido ocasión de
hablar con Till, su rostro normalmente amable hacia mí está totalmente inescrutable. Por un
instante dudo de si su lealtad hacia mí ha cambiado. Pero sé que él no es así.
Todo está inusualmente en silencio. Espero alguna señal, algo que se salga de lo normal.
Algún aullido bajo que me dé una pista de si dentro de la roca está lo que estamos buscando. Una
figura alta y delgada sale de la roca a paso tranquilo, como si no hubiera tres lobos listos para
atacarle. Como si leyera nuestros pensamientos levanta el dedo índice y lo balancea hacia un lado
y hacia otro en señal de negación. Esperamos a verle totalmente expuesto a la luz. Es el jefe de la
horda.
—Yo no quería a la niña… —Empieza a explicar lentamente mientras se pasea frente a
nosotros sin ningún temor. —Tus lobos están entretenidos con los míos. No te preocupes. —Me
mira fijamente. —Podemos hablar tranquilamente. Verás…yo te quería a ti, pero no eres fácil de
encontrar sola… Y la única vez que estabas asequible había una potencia tan fuerte a tu
alrededor…Imagino que fue por estar en tierras del oráculo. —Ante esta revelación mis dos
acompañantes me miran sorprendidos. —Me pregunto qué respuestas buscabas allí…Quizá las
mismas que tu madre cuando lo visitó. —Me pongo tensa ante esa información. A veces me olvido
de los años que llevamos con nuestra rivalidad y que su inmortalidad les da ventaja en cuanto a
recuerdos e historia.
—No voy a caer en tu trampa. —No pienso dejarme embaucar por la intriga, por el dolor en el
estómago, el sentimiento de vacío. Quizá ni si quiera es cierto que mi madre fuera a ese lugar.
Siempre han sido leyendas.
—En realidad sí lo vas a hacer. —Asegura tranquilo. —Ya lo has hecho. —Hace un gesto de
reverencia con la mano. —Estás aquí, hablando conmigo, y eso es todo lo que necesito para
convencerte.
—¿Convencerme de qué? —Me pongo en postura defensiva. —Mi manada está muy cerca. —
Digo como si eso fuera todo lo que necesito para mantenerlo lejos de mí.
—De que vengas conmigo. —Ladea la cabeza. —A cambio os devuelvo a la niña. —Till pone
un brazo frente a mí a modo de barrera. Como si dudase de la reacción de Abdulaye ante el
ofrecimiento. —No quiero hacerte daño, sólo hablar. Si aceptas, antes de dos lunas estarás de
vuelta sin daño alguno. Estoy dispuesto a hacer un juramento de sangre antes del intercambio.
Un juramento de sangre, es una de las pocas cosas que puede matar a un inmortal. ¿Para qué
me quiere si no es para hacerme daño? ¿Y por qué a mí y no a cualquier otro alfa? ¿Siempre tengo
que llevar la cruz de ser la rara?
—De acuerdo. —Digo lentamente. —Pero en el juramento debes incluir que ni tu ni ningún
otro miembro de tu horda se llevará de nuevo a Fátima.
—Está bien. —Contesta como si ya contara con ello. —Como he dicho, no tengo intención de
haceros daño.
Un halo de luz violeta trae sujeta a Fátima que está tranquila y sonriente. No parece haber
sufrido daño alguno. Abdulaye se adelanta y la luz la suelta. Ellos se abrazan y me pregunto por
qué no salen corriendo. Quizá todos sabemos que aunque parezca que estamos solos, no lo
estamos. La roca está rodeada. Sí, de lobos, pero también de vampiros.
Un paso, después el otro. Me acerco al vampiro que me tiende la mano. Mi corazón palpita
muy rápido. Toco sus dedos fríos y siento una descarga eléctrica por mi espina dorsal. Todo se
vuelve negro en mi mirada y mi mente y luego sólo puedo mirar sus ojos violetas.
—Yuri. —En esta extraña conexión, he podido ver su nombre. Y espero, que él no haya
podido leer nada de mí.
Oigo un aullido y sé que es la retirada de la manada. Espero que sean capaces de entender que
volveré en dos lunas. Que no hay un vacío de poder y que no voy a morir. Xiam jamás será alfa.
Yo volveré para casarme con Abdulaye, aunque después tenga que morir.
CAPÍTULO 19

Axel
En el momento que estoy llegando a la mansión de Enma oigo aullidos, la manada está
volviendo de algún sitio. Consigo localizar a Cat que entre el caos, está llorosa y mi hermano
Dereck parece bastante preocupado con ese hecho.
—Mi hermana…. —Hipa. —Se quedó con el jefe vampiro de la horda. —Llora más fuerte
mientras yo miro a mi alrededor buscando una explicación.
—¿Y a quién se supone que se le ocurrió acceder a esa barbaridad? —Chillo y a pesar de que
estoy en clara desventaja nadie se atreve a contradecirme. —¿No se supone que tú vas a casarte
con ella? —Encaro a Abdulaye que pone a su hija tras de sí. —¿No te obliga eso a protegerla con
tu vida si es necesario? —Estoy fuera de mí cuando hablo. No puedo controlarlo, me arde el
pecho.
—Y yo accedí a casarme con ella. —Dice con parsimonia como si no quisiera ningún tipo de
enfrentamiento. —Pero él juró que si se intercambiaban no les pasaría nada a ninguna de las dos.
Hizo un juramento de sangre. —Me acusa con el dedo. —Tú sabes que no pueden romperlo sin
morir.
—No pueden hacer exactamente lo que juran que no harán, pero hay muchas maneras de dar
esquinazo a lo que prometes. Hay variantes. Hay riesgo. —Todo el mundo se ha vuelto loco y no
entienden el riesgo que corre su alfa. ¿Por qué no ponen el grito en el cielo? ¿Van al galope a
salvarla?
Sin decir nada más, me encamino hacia la puerta. Yo mismo buscaré a Enma y la sacaré de las
sucias garras de ese vampiro. Que no le hará daño… ¿Entonces para que la quiere? Fátima y
Enma lo único que pueden tener en común con el poco tiempo que se conocen es que una de ellas
ya es alfa y otra lo será pronto. ¿Qué puede hacer un vampiro con una alfa? Iría a buscar de nuevo
al oráculo pero sé que no me va a dar ningún tipo de respuesta. Me pregunto qué fue lo que le dijo
a Enma exactamente…. Está claro que mi verdad es que soy el alfa de mi clan, quizá siempre he
sabido que mi fuerza no era normal, pero nunca me atreví a cuestionar cosas como esas. Yo a mi
madre la quise mucho hasta el día en que se murió, pero quizá, mi padre no era el amor de su vida.
Entre lobos hay muchas bodas de conveniencia.
Bodas, eso me hace pensar en Enma con Abdulaye. ¿Ella se querrá casar con él porque es un
alfa? Yo también soy un alfa. Siento un deseo irrefrenable de que esté conmigo y sólo conmigo,
pero no por ser alfa.
Llego a la cueva de rocas y está sorprendentemente tranquilo. No hay nadie vigilando la
entrada. En mis fosas nasales noto un gran olor ácido. Hay actividad vampírica muy cerca, me
pongo totalmente rígido y atento. Entro poco a poco en la oscuridad y me sorprende que nadie
salga a combatirme.
—Te estaba esperando Axel. —Al terminar de entrar veo que junto al jefe de la horda está
Enma sentada. Me mira como si hubiera descubierto la luna por primera vez.
—¿Cómo sabrías que vendría? —Pregunta girándose hacia él.
—Sé cosas. —Estoy consternado y no sé si transformarme y atacar o conformarme con saber
que la integridad física de Enma está intacta. —¿Descubriste ya lo que eres, Axel? —Me dice con
una media sonrisa.
—Sí. —Le digo escuetamente.
—Estupendo. —Contesta feliz. —Pues por eso os necesito a los dos aquí. —Los vampiros
somos inmortales, como ya sabéis. Por ello, hemos visto siglos y siglos de historia. Y tenemos una
especial admiración por la tuya…Enma… Tu madre fue una mujer muy valiente. Los dos sois jefes
importantes.
—¿Tú eres qué? —Me mira confundida y hasta enfadada.
—Los detalles que te los cuente fuera. —Dice algo teatrero. —Tengo muchas cosas que
hacer…Necesito que hagamos un pacto de no agresión. Estamos algo cansados de que este animal.
—Me señala. —Nos masacre. Fuimos a ver al oráculo, no sois los únicos que lo hacéis.
Consultas. Pero lo que me dijo fue una revelación… Me dijo que no había nada que pudiéramos
hacer yo o mi horda para destruirte Enma. También me habló de una profecía. Nos explicaré el
contenido de la misma porque sería echarme tierra sobre mi propio tejado, pero he de decirte que
lo que me quedó claro es que si tuviéramos que tomar partido por alguien sería por ti.
—¿Y yo qué pinto en todo esto? —Enma me mira diciendo que cierre el pico, pero yo tengo
demasiadas intrigas. —Tú la apoyarás a ella por razones evidentes.
—Los lobos nunca hicimos pactos con vampiros. —Le digo ariscamente.
—Eso no es del todo cierto. Como te dije, tenemos siglos de historia. —Sonríe de nuevo. —
Pero dejando al margen eso, queremos firmar una alianza.
—¿Protegerán a mi manada? —Pregunta Enma y Yuri, del cual sé el nombre por alguna
extraña conexión, asiente. —¿A cambio de qué? —Touché.
—Protección mutua, vuestras manadas no nos atacan, nosotros no las atacamos. Nos
protegemos, sabes de sobra que no eres querida entre los alfas. —Asegura.
—¿Y yo? ¿Por qué debía aceptarlo? —Expreso con cara de asco de la idea de aliarme con
vampiros. No está en mi naturaleza.
—Sé que harás lo que ella haga, te esperé por cortesía y porque ella volverá más segura a su
mansión contigo. —Aplaude ridículamente. —Ahora que ella se entere de que tú eres un alfa
Axel, se casarán. ¿No?
Enma gira la cabeza hacia mí bruscamente buscando alguna explicación. Me mira de arriba
abajo y oigo su corazón acelerarse. El mío también lo hace. La amo, lo sé, pero no me casaré con
ella sólo porque necesite una alianza, un marido. Lo haré si ella también siente que su vida carece
de sentido sin mí.
CAPÍTULO 20

Enma
¿Axel es un alfa? Mi corazón se acelera como jamás antes lo había hecho. Por alguna extraña
razón la idea de casarme con Abdulaye, que antes me había parecido mi única opción, se
convierte en absurda. Nunca había imaginado que podría permitirme sentir lo que Axel me hace
sentir. Ha venido a rescatarme. Caigo en eso como si fuera una revelación totalmente nueva.
Aunque no es la primera vez que lo hace. Le miro y sus ojos están solamente posados en los míos.
Daría más de lo que tengo por poder leer sus pensamientos.
Intento controlar mis propias emociones y centrarme en lo que Yuri, jefe de la horda de los
vampiros acaba de proponerme. Yo sé que no soy nada querida, pero no sé si el hecho de aceptar
tan inusual tregua hará que mi manada me odie también o entenderán que, todo lo que hago, pasa
por la premisa de ponerlos a salvo.
—¿Sabes lo que buscó mi madre cuando fue al oráculo? —Recuerdo que dijo exactamente eso
cuando intentaba que me fuera con él para tener esta conversación. Quizá eso no importe ahora,
pero necesito saberlo. Siempre me ha pesado el suicidio de mi madre y, aunque no podía hacer
nada, a penas era una criatura recién nacida, me siento culpable. Las malas lenguas también
consiguieron hacer mella en mi creencia severa de que yo no tuve nada que ver con que mi
hermano no sobreviviera.
—Enma… —Le brillan los ojos como si hubiera descubierto alguna clase de enigma perdido.
—Como te he dicho, no puedo hablarte de la profecía con total libertad por mi propia
conveniencia, pero, considero justo decirte que, tu madre fue una mujer muy valiente y encontró la
paz dejando esta vida por propia voluntad sabiendo con ello que tú serías la alfa por muchísimo
tiempo.
Hay algo en cómo pronuncia “muchísimo tiempo” que hace que un escalofrío recorra mi
espina dorsal. Es como si escondiera algo detrás de eso.
—Trato hecho. —Rompe con su uña un minúsculo trozo de la piel de mi muñeca y sale un
hilito de sangre. Hace lo mismo y una sustancia violácea sale de dentro de su ser. Al juntarlas sé
que he hecho algo imposible. Una alianza entre jefes es inquebrantable. Ellos me protegerán, yo
les protegeré.
Axel mira a uno y a otro y me da la mano para que me levante sin dejar de mirar a Yuri, como
si no se fiase de lo que acaba de pasar. Como si estuviese seguro de que habrá alguna clase de
traición. Pero nada sucede. Salimos de la cueva sin separarnos y cuando estamos seguros de que
nadie nos sigue me paro.
—¿Qué pasa Enma? —Axel me mira con sus bonitos y afilados ojos. Su mandíbula cuadrada
totalmente firme y la angustia reflejada en su rostro. Es la única persona que ha venido hasta aquí,
ni si quiera Till lo ha hecho. Es una conexión especial. Quizá esto es a lo que se refiere la gente
cuando dice que sabes cuándo ha llegado el momento de entregarte.
Le beso. No es un beso tranquilo, sino un beso urgente y lleno de amor y deseo. Lo necesito.
Me agarra por la cintura y me pregunto cómo es posible que un ligero acto como ese active mis
cinco sentidos y mis sentimientos más ocultos. Parece que soy una pluma cuando me coge en
volandas y le dejo hacerlo porque para mí de repente, esto es natural. Entrego mi cuerpo y mi
alma al placer que me ofrece sin miedo ni ambición sólo con el amor desconocido de que sientas
que eres lo más importante en la vida de alguien. No se detiene ni un segundo a pensar para
hacerme mujer. Conoce mi cuerpo mejor que nadie a pesar de las pocas veces que hemos estado
juntos. Mis manos vuelan por sus fuertes y anchos hombros descubriendo la virilidad fuerte y
erecta más abajo. No tengo miedo y me dejo guiar desde el primer suspiro hasta el último jadeo
silencioso con la boca abierta y una sonrisa a medio lado.
A pesar de haber sido el momento más maravilloso de mi vida, algo oscuro se cierne sobre
nosotros cuando volvemos a ponernos en marcha. Me pregunto por un instante si para él no habrá
significado lo mismo, pero sé que sí. Yo lo he sentido. Su dedicación, deseo y amor.
Ya se ve mi mansión de fondo cuando vuelvo a detenerme para mirarle con fijación. Su cara es
seria aunque puedo ver dulzura en su fondo más oculto.
—No me casaré contigo, Enma. —De todo lo que podía haber dicho, nada me hubiera hecho
más daño. Debe notarlo porque me agarra suavemente del codo. —No si no estoy seguro de que lo
haces por mí y no por salvar tu manada.
—Pero el oráculo me dijo que tenía que casarme con un alfa…. —Le replico a media voz
sintiéndome más débil que en toda mi vida. —No sé cuánto tiempo se supone que tengo. Yo me iba
a casar con Abdulaye por deber, contigo es distinto… —No sé por qué me hace esto tan difícil. Le
he dado todo lo que siempre he guardado en mi interior.
—No lo haré si no estoy seguro de lo que sientes….Sé qué harías cualquier cosa por ellos. —
Señala tras la valla. —Sé que sientes algo por mí, pero si no soy lo que más quieres, si el
sentimiento no es mutuo…no lo haré. —Advierte.
—Pues yo me casaré mañana para salvar a mi clan. —Me arde el pecho cuando lo digo
porque estoy segura de que Axel es lo que siempre he querido, pero no tengo tiempo de parar y
demostrarle durante un noviazgo largo y feliz que es así. —Contigo o con él. Tú decides Axel.
Al cruzar las grandes puertas todo el mundo nos mira y quiere saber lo que ha pasado. Dereck
se dirige directamente a hablar con su hermano como si fuera capaz de percibir lo que ha pasado.
Abdulaye me pregunta, como si la conexión mía con Axel fuera evidente si mantendremos los
planes de boda. Le digo que sí y que además será mañana mismo. Se sorprende pero no dice nada.
Tiene fe ciega en que salve a su hija, además de sus propias consultas a los cielos.
La noche es intranquila para mí. Las dudas saltan en mi cabeza y en mi corazón. Me pesa la
muerte de mi hermano, el suicidio de mi madre. Las vidas que he quitado. El corazón roto de Till.
La suerte de mis hermanas. Mi amor por Axel y su estúpida decisión. Y también me pesa que vaya
a ser mi última noche con el poder místico del alfa porque, cuando me case, inevitablemente,
pasará mi poder al de mi prometido. ¿Podré vivir toda la eternidad sin poder y sin que el hombre
que de verdad amo esté a mi lado?
CAPÍTULO 21

Axel
La luna está en su esplendor en el cielo, me pregunto si eso es un buen presagio o todo lo
contrario. Estar con Enma de esa forma ha sido como clavar una daga un poco más hondo dentro
de mi corazón. Decirle que no me casaría con ella lo tenía previsto, necesito saber que me ama.
Que me contestara que se casará mañana conmigo o sin mí, no es lo que había planeado. Maldito
orgullo.
Unos leves golpes en mi puerta me hacen sobresaltarme. Enma es la primera persona que
viene a mi mente, pero, sé que no va a estar aquí en la mansión. La llamada en la puerta se hace
más urgente.
—Axel… —Es mi hermano Dereck susurrando. —Corre o me iré sin ti. —Sentencia y, aunque
no sé a dónde se supone que vamos, corro de un salto hasta la entrada. Me hace gestos con la
mano para que guarde silencio y que le siga. Lo hago sintiendo el pulso cada vez más intenso.
Tengo la sensación de que algo no va bien. —Él llegó hace media hora. —Me señala a un punto
cerca de la entrada de la mansión pero escondido entre los árboles. A pesar de ser de noche,
consigo dilucidar la silueta de mi hermano Shaun. —Poco a poco son más. —Me fijo en el resto
de figuras y algunas son reconocibles para mí. Es gente de mi clan. Otras por el contrario no sé
exactamente de dónde han salido. Un hombre de mediana edad llama mi atención. Xiam, el tío de
Enma. —Me parece que algo gordo se está cociendo… —Dice preocupado Dereck.
—Creo que van a atacar a Enma. —Digo mientras una voz firme y clara grita en mi interior
que no dejaré que le hagan ningún daño. —Tenemos que ir a avisar a Yuri.
—¿Quién es Yuri? —Me mira como si me hubiera vuelto loco. —Avisa a tu manada, la tienes
ahí abajo durmiendo, Axel. —Está serio, como si no entendiera mis motivos.
—No confío en la lealtad de todos ellos y, si mi instinto no me falla, ni con ellos seremos
suficientes. —No sé qué habrá hecho mi hermano Shaun ni que pinta con el tío de Enma, pero algo
me dice que más clanes estarán involucrados. —Yuri es el jefe de la horda de los vampiros.
Tenemos un pacto con él.
Esta última revelación le hace sorprenderse y recular, pero algo en su mirada me dice que ha
tomado una decisión.
—Pues vamos. —Que no me pregunte nada sobre eso puede significar dos cosas: La primera,
que se haya dado cuenta de que soy su alfa y su hermano y no haría anda que le pusiera en peligro.
La segunda, y más probable, que se haya dado cuenta que su amor por Cat no va a ser pasajero y
que hará cualquier cosa para protegerla.
Qué estúpido es el amor lobuno. Que eterno…
La carrera hasta la cueva de los vampiros nos lleva más de lo esperado. Está saliendo el sol y
con ello, se acerca la ceremonia de la boda… Intentamos que nuestras patas parezcan ocho de lo
rápido que vamos. Al llegar, como si lo intuyera, Yuri está sentado en la roca de la entrada.
—Tienes que ayudarnos. Tienes un juramento de sangre. —Le digo atacándolo, esperando que
me diga que no lo hará y tener un motivo para despedazarle.
—Lo sé. Os estaba esperando. —Hace una seña y cientos de vampiros salen posicionándose
tras de él. —Aunque también quería decirte una cosa, Axel, no me gusta el tono en el que me
hablas. Quiero ayudarte, eres tú el que llega tarde. —Hace un gesto teatrero de desmayarse. —
Quizá cuando llegues la pequeña Enma ya se haya casado.
No va a casarse con él. Lo hará conmigo. Tanto si me ama como si soy su mejor opción
porque, si lo hace con otro, qué sentido tendría seguir vivo. Ir corriendo con una horda vampírica
siguiéndome es una escena que jamás había imaginado posible, pero, por amor, todo lo es. Aúllo
fuerte llamando a mi manada, al menos, la parte que me sea fiel vendrá. También les advierto que
los vampiros, al menos en esta batalla, serán nuestro aliado.
Ya veo la mansión de Enma, está al alcance de nuestros hocicos. Grandes gritos de horror
hacen que mi preocupación se dispare. La mansión está siendo invadida por todos sus lados por
hombres lobo. Los clanes se han unido para derrocarla y, a la cabeza. Shaun y Xiam. Xiam…Ese
ser tan miserable que lleva intentando tantos años que ella muera…Pero no lo hará…Si intenta
matarla tendrá que pasar sobre mi cadáver….
Me lanzo dentro sin pensarlo. Muerdo a diestro y siniestro intentando llegar hasta Enma, es mi
única preocupación. Está toda vestida de blanco. El vestido, antes de que alguien lo haya
desgarrado, ha tenido que ser precioso. Sólo espero que todo esto se haya producido antes que el
enlace.
Cuando la veo transformarse al menos sé que sigue siendo la poderosa alfa y que sus poderes
no han ido a ningún lado. Me pregunto por un instante si me siento bien sabiendo que, cuando nos
casemos, su poder pasará a mí…Es algo tan antiguo que si hubiera una forma de cambiarlo….
Vuelvo a la pelea. Ya habrá tiempo luego de prepararse por eso…
—Axel. —Su voz cálida y suave cuando se lanza a abrazarme. —Los has traído. Ellos quieren
quedarse con todo. —Noto angustia en su voz y tengo una verdad que decirle al mundo. Quien
intente hacerle cualquier clase de daño, morirá.
—Nadie va a quitarte nada. Tienes tu manada, al menos parte de ella. La mía, o al menos los
que me siguen. Y tenemos a los vampiros. —Anuncio.
—También está mi manada. —Abdulaye nos sonríe como si nos diese su bendición. Me
pregunto si sabía que llegaría. —Los invité a la boda, pero, quizá, nos vengan bien para la pelea.
—Sentencia victorioso.
La sangre se acumula. Los aullidos no cesan. La gran manada de Abdulaye empieza a
inmiscuirse en la batalla. Sólo espero que nuestra victoria no sea demasiado tarde. ¿Cuántos de
los míos habrán caído? ¿Cuántos de los de Enma? ¿Tendré que matar a Shaun?
CAPÍTULO 22

Enma
Poco a poco los clanes se van rindiendo a cambio de clemencia. Ordeno que sólo se les
inmovilice esperando a que todo esto termine.
Cara a cara con Xiam me pregunto cómo puede estar a la cabeza de esto. Shaun al fin y al cabo
tiene un motivo. Si Axel es el alfa, el otro es un farsante… Pero Xiam…Nunca tuvo que ser Alfa
por jerarquía, pero esa ambición siempre la ha albergado.
—¿Por qué? —Le pregunto mientras oigo calmarse los ánimos. Esto está terminando. Vamos a
ganar y aún así siento un desasosiego. —¿Hubieras hecho lo mismo si mi hermano hubiera vivido?
—En realidad. —Todo el mundo nos mira. —Tú tampoco deberías haber sobrevivido.
Envenené a tu madre durante todo el embarazo. Pero te negaste a morir. De ahí mi inquina
personal. —Lo dice sin ningún tipo de arrepentimiento en su mirada. Yuri se acerca hasta
nosotros, quizá piensa que la ira me cegará y lo degollaré delante de todos.
Pienso durante mucho tiempo en lo suicida y corto que ha sido este ataque. No contaban con el
clan de Abdulaye ni, ante todo, con la horda de vampiros. Todos los cabezas están encerrados
esperando y los demás han sido expulsados más allá de mis vallas. No atacan, pero están sentados
esperando mi decisión.
Yuri entra a hablar conmigo y le sigue Axel. No va a despegarse de mí y lo sé.
—Ha sido corto, pero intenso. —Se sienta complacido con el giro de los acontecimientos. —
No habríais ganado sin nosotros. —Lo recalca con intensidad y eso me preocupa. ¿Tendrán alguna
guerra que desconocemos en la que ahora nos veremos implicados? —¿Os uniréis pronto? —
Asentimos al mismo tiempo y eso hace que mi corazón se llene. Volvió a por mí, a pesar de todo.
—Me gustaría que me permitieseis asistir al evento.
No vemos maldad en ello y tras confirmarle, decide llevarse a toda su horda para que nosotros
hagamos con los lobos lo que creamos conveniente.
—¿Qué debo hacer? —Le pregunto porque, en el fondo, cuando nos casemos, será él quien
lidie con ellos.
—Seguir respirando. —Me besa con pasión. Es lo único que le ha preocupado de toda esta
historia. Ha sido un alfa olvidado, un hijo traicionado, un hermano al que han intentado asesinar y
lo único que le preocupa es que yo esté bien. —No tenemos por qué hacerlo. —Dice en referencia
a nuestro enlace. —Estoy dispuesto a vivir nuestro amor al ritmo que quieras… —Parece sincero
y tengo que mirarlo con toda la ternura de la que soy capaz.
—No esperaremos Axel, mañana nos uniremos. —Lo digo con toda la seguridad que tengo. Él
es quien me sostiene y quizá he encontrado ya el único por el motivo que renunciaría a mi poder.
Será raro, pero, sin duda, estando juntos se me hará mucho más fácil el sentimiento extraño. —
Espero que estés seguro de que lo que siento es real.
—Lo estoy. —Su beso en mi frente es cálido y protector. —Sé cómo eres a pesar de lo poco
que nos conocemos. Es así de difícil de entender nuestra naturaleza. Te sentí, te vi, te olí y…me
enamoré hasta el último suspiro de vida que tenga.
—Sólo desterraremos a Xiam y Shaun. —Digo tímidamente. —Creo que podemos convivir en
armonía. Han estado alimentando el odio durante años. No haremos lo mismo. —Bajo la cabeza
tímidamente. Me va a costar no ser una alfa.
—No voy a anularte Enma. —Le miro sorprendida. —No quiero que dejes de ser como eres.
Quiero que uses tu voz cantante para gritarme y dar tu opinión. Sólo cambiará de ti tu fuerza y
estatura porque no hay nada que pueda hacer yo para evitarlo. Pero yo te quiero a ti, a lo que eres.
Lágrimas descienden por mi mejilla en agradecimiento. Por eso tenía que ser él y nadie más.
Todo el mundo está sorprendido con nuestra decisión. Hay agradecimiento y respeto en la
mirada de cada miembro de cada clan. Los jefes están estupefactos y nos dan un caluroso
compromiso con nuestra protección. Seremos protegidos por tanta gente en caso de pasarnos
algo…
Dejemos atrás todo el daño que Xiam ha traído ante nosotros. Anula el hecho de que yo misma
me haya planteado ser una bruja. Yo no maté a mi hermano, pero pensar en mi madre me da tanta
pena…Murió por el egoísmo de un ser repulsivo. ¿Lo descubriría en el oráculo?
Intento no pensar en ello mientras me preparo para mi boda. Es un día muy feliz para mí, pero
no puedo parar de transformarme para verme en el espejo. Quiero recordar mi figura imponente,
mi fuerza… Axel es todo lo que siempre he esperado y sé que no me arrepentiré. Los designios
del cielo son inescrutables.
Cuando lo veo en el altar me siento la mujer más feliz del mundo. En sus ojos brilla el amor
más puro y eterno que se conoce en el mundo de los seres mágicos. Los lobos somos místicos y de
un solo amor real.
—No tienes por qué hacerlo. —Susurra en mi oído cuando me pregunta la abuela frente a
todos los presentes si quiero entregar mi vida y todo lo que soy en nuestra unión. Dicen que se
hace una unión que se puede notar, que va más allá de portar una alianza. Que es otra clase de
poder.
—Pero es que sí quiero hacerlo. —Lo digo y nos unen. Me pone la alianza. No me siento nada
diferente.
Nos transformarnos y la gente se pone en pie mirándonos con asombro. ¿Qué pasa? Miro a
Axel que me devuelve la mirada con las pupilas dilatadas.
—Eres tú… —Susurra confundido.
—Claro que soy yo. —Miro a un lado y a otro. —¿Qué pasa?
—Vuelvan a sus formas humanas, por favor. —Yuri se pone en el altar frente al micrófono de
las uniones. —Tengo una historia que contar. —Sorprendentemente lo hacemos. Axel me da la
mano indicándome que pase lo que pase, estaremos bien. —Puede que para todos los presentes
sea una sorpresa que esta mujer, alfa, a pesar de haberse unido, siga manteniendo su forma y
fuerza. Pero no es una sorpresa para mí. —Mi corazón empieza a latir irregularmente. —Este clan,
el de Enma, al igual que los de alrededor, ha cuestionado durante años el no nacimiento de un
varón. Hay un motivo. La madre de Enma, al morir su primogénito varón, fue buscando respuestas
hasta el Oráculo. La vi y pesé en matarla. —Esa declaración altera a los presentes y a mí. —Pero
la vi totalmente destrozada. Quise oír lo que tenía que preguntarle con semejante pena. Oí, aunque
no debería, como le relataba al oráculo como había perdido a su bebé, como sufrió la ira de su
marido por ello y como temía por su niña bebé, Enma. Ante mis ojos, descubrió que su cuñado la
había envenenado y que su marido haría todo lo que fuera posible por tener otro varón, fuera con
ella o sin ella. Afirmó además que el odio de su padre crecería hasta el punto de querer matarla
cuando tuviese un varón. Entonces, vi algo que jamás olvidaré. El sello de un pacto con el
oráculo. Enma, tu madre, dio su vida al oráculo a cambio de dos cosas: La primera, que tu padre
no fuera capaz de engendrar nunca un varón que te robase el puesto. Lo segundo, que cuando te
casases, si llegabas a hacerlo por amor, y sólo si era por amor, no perderías tus poderes místicos.
Todo lo que relata me deja helada. Axel aprieta mi mano dándome fuerzas. Es la declaración
más bonita de amor que he escuchado. Tantos años preguntándome si mi madre no me quería y por
eso se suicidó y resulta que todo lo que hizo lo hizo por mí.
Soy feliz. Es extraño como ha sucedido todo, pero estoy aquí con la persona que amo sin
perder nada de lo que he tenido tanto miedo.
CAPÍTULO 23

Axel
No había sido tan feliz en mi vida. Enma recoge flores en el campo de nuestra mansión. Ahora
nuestro territorio se extiende de mi mansión a la suya.
Llevamos varios meses casados. Las aguas se están calmando por estos lares. Abdulaye está
pensando en mudarse a esta montaña para que Fátima pueda estar más cerca de Enma y a mí me
parece bien. Hay algo en toda esta calma que me inquieta. Quizá es sólo porque no estoy
acostumbrado a vivir bien, que acepten nuestra situación y que nos dejen amarnos sin más.
Las hermanas de Enma están pletóricas con eso de que haya conservado su poder, pero siguen
teniendo algunos problemas con eso de que alguien controle con quien se van a casar.
—¿Qué ocurre? —Se acerca con sus grandes rizos rojos recordándome lo que es el amor. —
Estás pensativo.
—Los vampiros. —Le acaricio la cara con dedos trémulos para acercarla a mi boca. —Él
dijo que se callaba la parte de la profecía que le concernía para no tirar piedras sobre su propio
tejado. —Asiente algo preocupada ahora. —No dijo nada en su discurso que le incumbiese. Me
preocupa que algo altere nuestra paz.
—Eso, amor mío. —Me besa arrancándome una sonrisa. —Ya se verá. Somos felices. —No
puedo más que asentir. —Te amo. —Le devuelvo el beso. —Y estamos esperando nuestro primer
hijo. —Pongo mi gran mano en su pequeño bulto en la barriga. —¿Qué más podemos pedir?
—Nada. —Le arranco besos y risas. —No creo que nunca más me falte nada teniéndote a mi
lado.
Nota del autor

Lleva hablándose tanto tiempo de hombres lobo que habrá que llevar
cuidado los días de luna llena.
Agradecimientos:

A todos los que leáis este libro porque sois un@s enamorados del amor.

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